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Un nuevo populismo, o un ajuste en la competencia internacional

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MARCELO ELIZONDO Director de ‘DNI’ e investigador del ITBA

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Un nuevo populismo, o un ajuste en la competencia internacional

Fueron grandes noticias de 2016 los ‘brotes populistas’ en países desarrollados (Brexit, Trump, referéndum italiano).


¿Ocurre esto abruptamente o una etapa en un proceso?

Pese a que algunas voces nacionalistas hace dos decenios calificaban a la globalización como una treta de los desarrollados, ella fue una llave para los emergentes. Reducción a barreras comerciales, productivas y financieras y avances tecnológicos permitieron la transnacionalización que benefició a los menos ricos.
Hemos visto una situación internacional de dos caras. Por un lado muchos desarrollados pagando el costo de ‘estados de bienestar’ no financiables en medio de la competencia global, y por el otro muchos emergentes compitiendo con ‘estados de producción’ no siempre compatibles con un mundo horizontal.

Un ejemplo de lo primero ocurre en Europa. Mientras en el mundo el promedio del gasto público es del 29,5% del PBI, en la zona euro es de 37%. Difícil de sostener (impuestos, regulaciones, déficits, endeudamiento). El costo se descubre dentro de Europa: los países con mejor performance son España y Alemania, con un gasto público sustancialmente inferior a los de Francia, Austria, Grecia, Hungría y Portugal
-con mayor gasto público en relación al PBI (y muchos, ante brotes nacionalistas-).

En la elite de los más competitivos del mundo solo aparecen dos países de la UE (junto a EEUU, Singapur, Suiza, Japón y Hong Kong): Alemania (entorno macroeconómico, eficiencia de los mercados financiero y laboral, negocios sofisticados, capital humano y desarrollo tecnológico) y Holanda (educación, infraestructura, instituciones, sofisticación empresarial e innovación).

Y, por otro lado, muchos emergentes aprovecharon la apertura de los mercados y compiten con armas discutidas. El caso paradigmático es China, objetada en el examen del la OMC de 2014 por su proceso de formación de precios; la distorsiva cantidad de empresas de propiedad estatal; subsidios a la energía, el acceso a la tierra y el financiamiento; beneficios discutibles a algunas ‘industrias estratégicas’ (aeronáutica o petroquímica); y la influencia del estado en las exportaciones agrícolas. El 75% de las empresas que cotizan en la bolsa de Shanghai son estatales.

Por su parte, y fuera de estas dos categorías, hay emergentes muy competitivos y menos objetados (Singapur) y países ricos que compiten con menos problemas (y menor gasto público, como Nueva Zelanda -32% del PBI-, o Australia -26% del PBI-).

Ante aquella doble realidad (detenimiento de los avances de competitividad en muchos desarrollados y distorsiones en algunos emergentes), la reacción en Estados Unidos (Trump) es anunciar (además de peligrosas amenazas de proteccionismo y mayor déficit fiscal) una rebaja sustancial de impuestos, desregulaciones que bajarán costos de producción y mejoras en la infraestructura en base a obras públicas. Las designaciones en el gabinete de Donald Trump muestran a un partidario de bajas regulaciones en el mercado laboral en la Secretaria de Trabajo, una defensora de la más amplia descentralización y la desburocratización en la Secretaria de Educación, y hasta a un partidario de la desaparición de la cartera de energía a cargo de esa cartera.

La pregunta entonces es si las respuestas de 2016 son solo una abrupta reacción populista o también un acomodamiento ante un mundo que simuló ser horizontal pero no lo era. ¿Es el Brexit solo nacionalismo o también una búsqueda de mayor flexibilidad ‘anticentralismo’ en Bruselas? ¿Es el triunfo de Trump solo una reacción sentimental de viejos obreros industriales, campesinos y cristianos antiliberalismo moral, o además un acomodamiento a condiciones de competencia más crudas? ¿Triunfará en Francia Le Pen o el ascendente thatcheriano F. Fillon? ¿Continuara Merkel? ¿Habrá mas proteccionismo o más bien guerra comercial EEUU/China?

Para Argentina hay una señal: somos el 106vo país entre 140 medidos en el Global Competitiveness Índex (solo están peor en la región Paraguay, Bolivia y Venezuela) y este escenario tiende a premiar la competitividad ya no basada en meras ayudas económicas cuantitativas sino en atributos cualitativos, instituciones, productividad, conocimiento, tecnología e innovación.

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Comentarios2
demian baus
demian baus 02/01/2017 11:29:07

Un pais no puede ser competitivo adentro si traslada la competencia a otras naciones. Trump tiene el desafio de volver a construir cadenas de produccion internas. Dejando el Off Shoring para todo aquello que no genera valor o bien tiene alto costo fijo

Rolando Leturia
Rolando Leturia 02/01/2017 10:03:00

Que es populismo? Darle dinero a una mayoría de personas?y lo no populista? Quitar aranceles y beneficiar a las empresas y a sus accionistas?