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Un nuevo liderazgo y el juego de las ‘bolitas’

JOSÉ LUIS ROCES

 Rector del ITBA

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En 1980 fui becado para estudiar en Bélgica, la formación de directivos en la comunidad europea frente a los cambios políticos, económicos y sociales.

Uno de los entrenamientos que más me marcaron en mi aprendizaje personal fue el ‘juego de las bolitas’. Lo propuso el instructor como una experiencia para comprender el funcionamiento de una sociedad ‘sustentable’. Aquella que puede mantener su evolución a lo largo del tiempo.

El juego consistía en reunir un grupo de seis jugadores, a los que se les daba una bolsa de tela oscura, no transparente, vacía. Cada jugador podría representar un actor de la sociedad: empresario, sindicalista, obrero, profesional, funcionario y jubilado.

Ellos se reunían alrededor de una persona (gobierno) que tenía el rol de ‘banca’. Él tenía en su poder una bolsa, también oscura pero llena de bolitas (los recursos). Al comenzar el juego y uno por vez en una secuencia horaria, se los invitaba a pasar por la bolsa de la banca y sin que los demás vieran su extracción, podían retirar las bolitas que desearan, en una experiencia muy ‘liberal’. Así uno por uno, hasta completar varias vueltas de extracción.

Después de cada vuelta, la banca hacía una reposición de bolitas, que nadie sabía con qué criterio lo hacía.

Invariablemente, habiendo experimentado el juego, con distintos jugadores en un número muy semejante de vueltas, la banca anunciaba que se había quedado ‘sin bolitas’ para distribuir, o sea se habían agotado los recursos de la sociedad.

Primer aprendizaje: sin reglas de extracción, la experiencia por vía de la voracidad de los jugadores, agotaba el stock en pocas vueltas. La falta de reglas acordadas y la libertad absoluta, anulaba la dinámica de la sociedad.

Segundo aprendizaje: en todas las secuencias a medida que iban pasando las rondas de extracción y cuando cada uno de los jugadores observaba que iban quedando menos bolitas en la bolsa de la banca, su respuesta era incrementar el número de bolitas que extraía. Aprendimos que el fenómeno de la penuria genera conductas egoístas y que en poco tiempo por su aceleración, se elimina la posibilidad de seguir jugando.

En ese punto, el instructor que cumplía el rol de ‘banca’, nos invitaba a reflexionar. Su pregunta disparadora era ¿Qué hacer para seguir jugando, o que la sociedad sea sustentable?
Unos proponían ‘cuotificar’ la extracción, otros decían que se debería apelar a la responsabilidad social de los participantes. Pero nadie acertaba cómo reiniciar la experiencia.

En ese diálogo, la pregunta inspiradora surgió de un participante hacia la banca. ¿Puede compartir con nosotros, cuál es el criterio de reposición de bolitas luego de cada vuelta? Y la banca con mucha sencillez expresó: yo repongo el mismo número de bolitas que encuentro al final de cada vuelta.

Tercer aprendizaje: la comprensión de los participantes de la regla de reposición dio origen a lo más rico de la experiencia. La aparición de la necesidad de un diálogo, basado en cuáles son las condiciones para mantener la sociedad en una condición ‘sustentable’. Luego llegaron los acuerdos entre los participantes para poder lograrlo sin llegar a su agotamiento.

Al reiniciar la experiencia, promoviendo el diálogo permanente entre los participantes, de modo de compartir información y respetando los criterios de control interno establecidos, se fue generando una confianza creciente, condición clave para la sustentabilidad.

Mis conclusiones, fueron: reglas de juego acordadas con los actores sociales, liderazgo basado en el diálogo y la credibilidad, originada en compartir información veraz momento a momento y convicción de lograr ‘sustentabilidad’ por medio de criterios de equidad.

¿Estaremos muy lejos, en la Argentina, de habernos dado cuenta que estamos cerca del escenario de penuria y necesitamos de un nuevo liderazgo que genere un diálogo para lograr un país sustentable?