Viernes  27 de Octubre de 2017

Un “hasta luego” que vale u$s 800 millones en la industria automotriz

Un “hasta luego” que vale u$s 800 millones en el mundo automotriz

“No es una despedida, sino un hasta luego. Voy a venir seguido pero no a trabajar. Ahora, que trabajen ellos”. Pablo Di Si despertó risas entre el selecto grupo de invitados al Audi Lounge, en el segundo piso de Rond Point. Había concesionarios, clientes, proveedores, competidores y stake-holders, en general. Estaban Cristiano Rattazzi, presidente de FCA Automóviles y un viejo conocido de Di Si; Miguel Acevedo, CEO de Aceitera General Deheza y presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA); Juan Curutchet, titular del Banco Provincia; y Martín Zarich, del BBVA Banco Francés. También, se vio a  Eduardo Coduri, de Ernst & Young; a Hernán Dietrich, del grupo concesionario homónimo; a Natale Rigano, ex Iveco, hoy en Pirelli; a Raúl Amil, presidente de AFAC, la cámara de los autopartistas; al economista Rodolfo Santángelo; y a los abogados Daniel Funes de Rioja y su hijo Ignacio, entre la media centena de convocados. Cafés y delicatesen circulaban en una mañana, gris, ventosa y lluviosa de viernes, “bien alemana”, como ironizó el anfitrión, apelando a la complicidad del embajador germano en Buenos Aires, Jürgen Mertens.

Di Si –traje azul eléctrico, camisa blanca, sin corbata– se presentaba, formalmente, como nuevo presidente y CEO de Volkswagen Brasil y, por extensión, de toda la región. “Para trabajar, ya tengo todos esos mercados”, dice, con el rostro sonriente a pleno, en relación a los países de América latina, adonde la marca, subraya, registra crecimientos de venta superiores al 60%. El “Ellos” a los que se refirió, aquellos que deberán seguir transpirando la camiseta, son el equipo que quedó en Pacheco, ahora, encabezado por Hernán Vázquez, un argentino con acento catalán –vivió más de 20 años en Barcelona– que fue promovido de Vicepresidente Comercial a presidente de la filial. “Vamos a seguir por la misma senda. Y aprovecharemos que Pablo está en Brasil, para que nos fabrique muchos autos, que vendemos acá, y a precios muy competitivos”, la devolución de gentilezas del sucesor.

La primera prueba de fuego para el nuevo/viejo management de VW ya está en marcha: la inversión en un nuevo vehículo, que ya se informó internamente en la compañía y se coordina agenda con Mauricio Macri –y alguna visita internacional de peso fuerte de la corporación– para hacer el anuncio oficial, en no más de dos semanas. Serían u$s 600 millones para producir un utilitario deportivo en Pacheco, más otros u$s 200 millones que se destinarían a la planta de cajas de cambio de la alemana en Córdoba, según versiones periodísticas, nunca confirmadas –ni desmentidas– por la compañía. En monto, sería el proyecto más ambicioso de VW en sus 37 años de presencia en el país.

Di Si tuvo mucho que ver en el proyecto. Nacido y criado en Caballito, clase ’69, en su juventud, fue un zaguero zurdo y temperamental, que vistió la camiseta número seis en la cuarta campeona de Huracán, en cuyas inferiores jugó dos años. Expeditivo como cuando había que optar entre hombre y pelota, eligió los libros. Lo que no quitó que, generosa, la número cinco, también, le haya tirado una pared para el puntapié inicial de su carrera profesional. Grabó videos de partidos suyos y los envió a universidades de los Estados Unidos para aplicar a una beca deportiva. Se la dio Loyola University, de Chicago.

Di Si –hincha de River e hijo único– estudió Finanzas. Se recibió en 1993. Al cabo de más de una década como ejecutivo financiero en Laboratorios Abbott, Monsanto y Kimberly-Clark ingresó al grupo Fiat. Fue en 2006, como director financiero para América latina de Case New Holland, la fabricante de maquinaria agrícola del holding turinés. Con sede en Brasil, donde ya estaba radicado desde hacía un par de años. En 24 meses, fue CFO y responsable de Desarrollo de Negocios de Fiat para la región. En esa función, coordinó el proyecto, de u$s 2300 millones, para construir una segunda fábrica de autos en Brasil: la de Pernambuco, inaugurada en 2015, con el inicio de producción del Jeep Renegade. Su última misión para L’Ingotto –la histórica sede de Turín– fue la dirección financiera global de Fiat Industrial –actual CNH Industrial– en la que el grupo italiano unificó sus empresas no vinculadas con el negocio de autos.

Di Si trabajó en esa integración. Pero ya sentía ciclo cumplido. Trabajó, codo a codo, con Cledorvino Belini, histórico CEO de Fiat América latina, con quien había tenido óptimo diálogo laboral y personal. Algún conocedor de ese vínculo sugiere que, de no haber sido por su carácter –fuerte, áspero, frontal, de ir al choque, llegado el caso– habría sido su sucesor. Pero, en noviembre de 2015, cuando asumió el reemplazante de Belini –Stefan Ketter, un ingeniero brasileño con una década en Fiat y pasos previos por BMW, Audi y VW– hacía ya más de un año que Di Si no lucía la camiseta de la automotriz italiana.

Volkswagen Argentina atravesaba un momento complejo. Durante la Era Viktoriana –los 13 años en los que el austríaco Viktor Klima fue el máximo canciller de Pacheco–, la empresa había sido líder en ventas del mercado local, cuadruplicó sus volúmenes de producción y recibió inversiones por más de u$s 800 millones. Entre ellas, Amarok, la primera pick-up en la historia de la marca. Pero, puertas adentro, acumulaba trapos fétidos sin lavar, antes y después de una cruenta reestructuración –de costos, organigrama y nombres– que ejecutó Emilio Sáenz, CEO español que proyectaba una estadía mínima de cinco años y, en el mayor de los silencios, retornó a su tierra al cabo de poco más de dos.

Lo reemplazó Joseph Findelis Senn, un veterano de VW, hombre experto en RR.HH. que no hablaba una palabra en castellano. Lo escoltó un nuevo vicepresidente de Finanzas y Chief Operative Officer (COO), un ejecutivo argentino que, por primera vez, trabajaría en su país después de un exilio de 25 años.

Pese a ser un outsider, el perfil de Di Si se adaptó a la darwiniana cultura corporativa de VW, describe alguien que lo conoció en ese momento. Con Senn, empezó a trabajar en la transición, al punto que, a pocos, les sorprendió cuando, a inicios de 2016, se anunció el nombre del nuevo CEO.

Tras un 2014 “de sufrimiento financiero” y un 2015 peor (“más de lo mismo, pero con más restricciones”), como definió él mismo alguna vez, la gestión Di Si estuvo signada por recortes de producción –de 30% anual, en promedio–, eliminación de turnos, retiros voluntarios y la incansable búsqueda de destinos alternativos –China, África, Europa oriental– para mitigar el derrumbe de Brasil y mantener cierto piso de actividad, tanto en 2016 como en lo que va de 2017. En tanto, en la carrera comercial, VW conservó su liderazgo en ventas, con cuotas de mercado cercanas al 20%.

A nivel global, el grupo sufría los daños del dieselgate estallado a fines de 2015 y que restringió, fuerte, los presupuestos para inversiones. Di Si no cejó en sus esfuerzos por recibir un nuevo proyecto. Se convirtió en una obsesión, por la que estaba en permanentes idas y vueltas con Wolfsburgo, la casa matriz de la empresa. “Lo importante para la sustentabilidad de este proyecto es que no sea una piedra, que nos hunda en el fondo del mar”, repetía para explicar por qué debía ser un modelo nuevo y de fabricación exclusiva en Pacheco, no precisamente la unidad más competitiva del mapa mundial productivo de VW.

Avanzaba en la fase final del proyecto cuando, hace algo más de dos meses, otro tema se filtró en la conversación. Cambios en el management de VW en China fueron la palanca que activó la maquinaria de rotaciones en todo el organigrama global. El presidente de VW do Brasil (y Sudamérica), el sudafricano David Powells, fue asignado vicepresidente 1º del joint venture con SAIC en el gigante asiático. Su reemplazo, cuentan, era cantado.

Wolfsburgo, explican fuentes de la filial, valora los resultados comerciales que la filial argentina tuvo, pese al escenario adverso de 2015 y 2016. En Brasil, en cambio, VW marcha tercera, después de cuatro décadas de liderazgo. Una segunda razón mencionada es el foco de productividad y eficiencia puesto en Pacheco, que llevó a la planta a estar alineada con los estándares globales más altos del grupo. Di Si, además, supo construir un perfil propio con los stake-holders –medios, sindicatos, Gobierno, cámaras, concesionarios, proveedores– y eso lo convirtió, rápido, en referente del sector. Por caso, encabezó la delegación de empresas alemanas que recibió a Angela Merkel durante su reciente visita al país y su nombre sonó para presidir la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), que renovará autoridades con el arranque de noviembre.

En estos tres planos, había nítido contraste con el hoy de VW Brasil. La década de experiencia de Di Si en ese mercado durante su paso por Fiat también fue determinante.

Hace un mes, Powels y Di Si estuvieron en Alemania, durante el Salón del Automóvil de Frankfurt. El sudafricano anunció la inversión de 7000 millones de reales para renovar toda la gama de productos en la región, más de 20 modelos a lanzar hasta 2020. Una posta que Di Si, hoy, toma como uno de los mayores desafíos de su nuevo cargo. Sonriente, destaca que, además, lo hará en un contexto muy distinto al de su antecesor. “Brasil está levantando. No es algo espectacular. Pero está levantando”, celebra, al tiempo que pondera la reforma laboral que implementó el gobierno de Michel Temer. De hecho, en su primer contacto con los medios brasileños, hace algunas semanas, pronosticó un crecimiento del 40% de las ventas de autos en ese país durante los próximos cuatro años. Para 2017, proyecta 2,2 millones unidades. “El problema es cuando uno tiene que hacer las cosas en un mercado que cae”, contrasta después, en confianza, con los datos –caída de patentamientos, despidos, suspensiones– por los que VW Brasil había sido noticia hasta pocos días atrás.

Entre los modelos a lanzar, está el Tharu, un SUV que, se presume, será el que se hará en Pacheco. También, se habla de una pick-up. Se sabrá en las próximas semanas, cuando Di Si retorne de Sao Paulo para develar, finalmente, la novedad.

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