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Uber no está solo

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LEANDRO ZANONI Periodista especializado en tecnología y nuevos medios

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Uber no está solo

El ruido que hizo el desembarco de Uber esta semana impide analizar con claridad una cuestión más importante para la economía: la eliminación de los intermediarios. Se la llama economía (o consumo) colaborativa porque necesita de la interacción con el otro.

La plataforma tecnológica (un sitio, una app) es otro actor indispensable porque hace de puente entre ambas partes para intercambiar productos y servicios. El impresionante avance del trío tecnológico formado por el smartphone, la banda ancha y el cloud (en apenas cinco años!), removió las placas tectónicas en industrias tradicionales que no vieron venir la piña de la digitalización. Y ahora están como esos boxeadores que deambulan aturdidos por el ring, al borde del nocaut.

Primero fueron los contenidos (textos, música, películas) pero ahora otros sectores como el transporte, la gastronomía, el sector financiero y el turismo. Los taxistas protestan contra uber (acá y en varias ciudades del mundo) pero también hay problemas en el rubro hotelero por AirBnb, la empresa de alquiler temporal de alojamientos, valuada hoy en U$ 25 mil millones.

Más allá de la tecnología, el éxito de estos nuevos servicios también se produce porque los consumidores están hartos de los precios abusivos, las regulaciones inútiles y los malos servicios.

Los más exagerados hablan de ‘revolución’ y miles de emprendedores se lanzaron a poner en práctica y conseguir financiamiento para sus ideas, generadas bajo el mantra ‘todo lo que sobra (espacio, comida, ropa, ideas, tiempo, etc), se comparte’. El mundo actual desperdicia. Cada día se tiran a la basura toneladas de comida que no se come y el 95% de los autos particulares pasan su tiempo estacionados.

Por eso en los últimos dos años aparecieron, detrás de Uber y AirBnb, una considerable cantidad de empresas para rubros tan inesperados como insólitos. Desde alquiler temporal de cocheras (JustPark) hasta particulares que se ofrecen para cuidar mascotas por un par de días (DogVacay y holiDog). Otros alquilan sus autos (Turo), se prestan dinero sin bancos ni financieras, cocineros van a cocinar a casas particulares (Eat With Me), intercambian ropa usada (ThredUP) y peluqueras, masajistas, manicuras y maquilladoras se unen en Bucmi.

Los trabajadores independientes se ofrecen en Freelancer.com, empresa que contacta a personas que trabajan por su cuenta con empresas o particulares que necesitan un producto o un servicio (desarrollo, diseño, retoque digital, contenidos, etc). Según datos de la empresa australiana, la Argentina es líder en la región en cantidad de usuarios registrados, por encima de Colombia y México.

En nuestro país aparecieron varias aplicaciones como Afluenta, Sincropool, Segundo Hogar, CookApp, Vennti, PopApp y Workana, entre muchas otras. No todas tendrán éxito pero la cantidad indica una tendencia que crece. ¿Una nueva burbuja?

Mientras en la región estas aplicaciones crecen y consiguen inversiones, en el mundo ya se discute si la economía colaborativa inicial tiene larga vida o si se muere en breve. Desde Europa, Arthur de Grave, editor del sitio OuiShare (unas de las plataformas colaborativas más famosas del mundo), cree que los buenos viejos (e ingenuos) tiempos han llegado a su fin.

La irrupción de las empresas capitalistas de Sillicon Valley y sus voraces empresarios, sostiene, arruinaron un concepto y una modo de organización del trabajo inédito que prometía sacudir al sistema. O al menos les prometía cierta luz a las iniciativas más disruptivas, muchas veces despreciadas por el sistema, de trabajadores independientes y asalariados con buenas ideas. Pero hoy, escribió de Grave en un muy buen artículo publicado en el blog, ‘la economía colaborativa se acabó’. Forma parte del sistema y de la economía de mercado. Que, no es casual, mueve cada vez más millones de dólares.

Como sea, lo cierto es que Uber no está solo. Llegó al país junto a un listado cada vez más grande de alternativas a la manera en que nos relacionamos, compramos, consumimos. Vivimos. No es poca cosa.

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