ENFOQUE

Turquía: contexto e implicancias para países emergentes

En junio de este año, Recep Tayyip Erdogan, quince años invicto, fue reelecto presidente de Turquía con el 52,6% de los votos inaugurando el pasaje de un régimen parlamentarista a uno presidencialista, de acuerdo al referéndum constitucional de 2017. La reacción de los mercados fue precavida: Erdogan designó a su yerno como ministro de finanzas, gesto tomado con preocupación, sugiriendo la continuidad de sostener una baja tasa de interés en el marco de una progresiva devaluación de la lira, de endeudamiento externo, una creciente inflación y un banco central escasamente independiente.

En junio, tras las elecciones, la moneda había perdido un 20% de su valor desde comienzos de año: a mediados de agosto, ya perdió un 40%. Esto se da en el contexto de un progresivo deterioro en la relación con los Estados Unidos, ambos aliados y miembros de la OTAN, plagada de conflictos de interés en torno al involucramiento de ambos países en el conflicto sirio (como en el uso de la base de Incirlik para combatir al Daesh/ISIS, y el apoyo norteamericano a facciones kurdas que Ankara asocia con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán).

Este año, el fracaso de las negociaciones entre Trump y Erdogan respecto a la mutua extradición del pastor evangelista Andrew Brunson y de Fethullah Gullen, profundizaron el malestar. La semana pasada, la renuencia del gobierno turco a extraditar a Brunson -acusado con otros 20 estadounidenses de participar en el golpe de 2016; a Fethullah se le imputa planearlo- fue correspondida por Washington al doblar las tarifas aduaneras a las importaciones de acero y aluminio (ahora del 50% y 20% respectivamente) de Turquía.

Luego que Trump anunciara esto el viernes pasado por Twitter, se produjo una estrepitosa caída de la lira de un 20% en un día (una relación de 7,24 respecto al dólar).

El propio Erdogan responsabilizó en medios nacionales y en una editorial publicada en el New York Times, a Estados Unidos por la crisis económica que enfrenta su país, enfatizando la retórica nacionalista -e incluso religiosa- que tradicionalmente caracterizó su discurso. Mientras el presidente turco exhortó a la población a apoyar la lira recurriendo a "el oro bajo la almohada" y boicotear productos electrónicos norteamericanos apoyando competidores, los bancos e inversores extranjeros con acciones en Turquía (BBVA, Unicredit, BNP Paribas) sufrieron la caída de la lira registrándose caídas en las principales bolsas, alentando la reacción del sector financiero de refugiarse en mercados "menos volátiles".

Precisamente esta conducta afecta a economías emergentes como la nuestra, la de India, Sudáfrica, México y Brasil, cuyas divisas comportaron respectivos debilitamientos.

Además, la crisis de la lira compromete las economías de la Unión Europea y, no menor, erosiona a la propia OTAN. Esta semana, Vladimir Putin, anunció que favorecería el intercambio bilateral en divisas nacionales, y Angela Merkel, urgió a Turquía a preservar la independencia de su banco central, resolver la cuestión de los detenidos y abogó por el futuro de los países industrializados del G20. Este martes, John Bolton, asesor de seguridad nacional de Trump, y el embajador turco, Serdar Kilic, no lograron destrabar la tensión: ambas partes se muestran intransigentes y amenazan mutuamente con sanciones. Analistas internacionales prevén que esto puede alentar a Turquía y a otras economías emergentes a recurrir a mercados como el ruso y el chino en desmedro del norteamericano y del dólar; incluso fortalecer el vínculo entre Turquía y la Unión Europea.

Tags relacionados