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¿Túpac amaruzación del cooperativismo?

El bastardeo del cooperativismo, con las contradicciones propias de todo populismo implícito, clientelismo, politización e irregularidades derivadas de la aplicación (no solo) jujeña del Programa Argentina Trabaja, ya torna imprescindible precisar y revelar -desde la experticia-, el alcance, el sentido y los límites del mismo.
Estas seudocooperativas auto gestionadas se inscriben en la perspectiva de organizaciones voluntarias y neutrales de personas desocupadas e independientes para desarrollar preponderantemente obras estatales de pequeña envergadura e interés comunitario (Vg., construcción/reparación de calles y veredas, refacción de plazas, barrido, limpieza, desmalezamientos urbanos, viviendas solidarias, etc.).
Cada cooperativa con esa especial naturaleza, autonomía y reciprocidades, está diseñada para que pueda ser autogestionada por sus propios asociados/vecinos, compartiendo retornos, excedentes e ingresos con justicia distributiva y en forma proporcional al aporte, jerarquía y tiempo de trabajo que cada uno de sus miembros efectúe para la mejor realización de cada obra contratada y/o concesionada por estados municipales, provinciales o nacional, según se trate, pero siempre en el marco del derecho y de la ley.
Tomando en cuenta estas condiciones esenciales, observamos cómo, en una cooperativa de trabajo genuina, cada asociado no solo puede aportar su esfuerzo personal sino también su arte, su oficio, sus talentos que mejor provean a su sustento personal y familiar, pero, sin relación laboral de ninguna índole, ni privada ni estatal, sin perjuicio de admitir infinidad de casos de fraudes laborales con la degeneración del cooperativismo que nada tienen que ver, ni siquiera, con ningún pretendido isomorfismo cooperativo.
Se desprende así que el mentado programa Argentina Trabaja, implica una relación laboral solapada antes que una metodología cooperativa de trabajo asociado de acción vecinal, atento que, cada Ente Estatal Ejecutor (nacional, provincial o municipal), abona mensualmente supuestos ‘retornos a cuenta de inexistentes excedentes anuales’ provee los instrumentos de trabajo, etc.; en tanto, cada trabajador del programa, debe ajustarse a los procedimientos y modalidades en la ejecución de sus tareas conforme instrucciones del Estado empleador, para la prestación de servicios, etc., en que consiste la actividad de éste.
No obstante, en general, el INAES fue cómplice calificado del descontrol cooperativo nacional. En estos casos, mediante la ficticia instrumentación del programa en cuestión, dado que incluso Vg., existiendo cursos obligatorios de educación y capacitación pre-cooperativos (Resolución 2037/03, etc.), el INAES despachó serial e indiscriminadamente, millares de matrículas para las mismas, admitiendo ilegal e incompetentemente, que dichos cursos no tuvieran lugar en la mayoría de los casos, legalizando cooperativas sin cooperativistas en una clara violación del derecho cooperativo y laboral.
De hecho esto último, podría derivar en decenas de miles de juicios laborales a los Estados respectivos, lo que, si así fuere, generaría indirecta y automáticamente una ¿inadvertida e imprevista? doble imposición para cada contribuyente, quién fatal, injusta y confiscatoriamente, debería tributar dos o más veces por lo mismo.
Finalmente y sólo en la medida de su viabilidad, autenticidad, formalidad y productividad, se debe admitir la pertinencia de cada cooperativa de trabajo en cuanto tal, en las cuales sólo son y serán asociados, los aportantes ‘empresarios de su trabajo personal independiente’. Contrariamente, sin esqueleto genuinamente cooperativo, sobreabundarán demasiados caparazones político-clientelares, tan cooperativamente ilegales como ciudadanamente inaceptables.

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