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JUEVES 21/03/2019

Trump y EE.UU.: ¿grande de nuevo o dispensable?

ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros

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Trump y EE.UU.: ¿grande de nuevo o dispensable?

Actualmente, la sociedad estadounidense está dudando del sistema democrático. The Atlantic efectuó un análisis especial en su edición de octubre indagando si estaba muerta la democracia en el país porque “las verdades que parecían evidentes son dudosas, incluida la idea de que la democracia liberal es el estado final inevitable del desarrollo ideológico humano”. En uno de los artículos la columnista del Washington Post, Anne Applebaum, alerta “una advertencia de Europa: lo peor está por venir”.

Un faro para el mundo

Mientras los estadounidenses se indagan a sí mismos, el último jueves, por ser el cuarto jueves de noviembre, conmemoraron el Día de Acción de Gracias. La inspiración para esa celebración serían los tres días de 1621 en que los primeros colonos puritanos ingleses festejaron su primera cosecha. Si no fuera por los nativos que les enseñaron a cultivar y sobrevivir, perdidos de los lazos europeos en un ambiente inhóspito, lo más probable es que esta colonia rápidamente hubiera perecido y este pequeño evento no hubiese sido conocido ni tenido cualquier significado histórico.

Pero en 1841, el puritano Alexandre Young publicó una Crónicas de estos peregrinos y comentó, en nota al pie de página, que esta celebración “fue el primer Acción de Gracias” aunque historiadores modernos consideran que, si bien los peregrinos tenían muchos días de Acción de Gracias, esa conmemoración no la entendieron así. Explica el historiador Andrew Smith que “la creación de Young del mito del ‘primer Día de Acción de Gracias’ podría haber muerto en forma silenciosa en esa oscura nota al pie de página si otros escritores de Nueva Inglaterra no hubieran recogido esta idea, embellecido y presentado como una verdad férrea… La cena de Acción de Gracia se consagró como el espectáculo culinario más preciado de Estados Unidos. Sigue siendo así hoy”. Si bien en 1789 George Washington ya había proclamado Día de Acción de Gracias como festejo nacional y así continuó, intermitentemente, sería recién Abraham Lincoln en 1863 que la convertiría feriado nacional el último jueves de noviembre, mientras que Franklin Roosevelt en 1941 lo pasó para el cuarto jueves de ese mes.

Jacob Shapiro en Geopolitical Futures sostiene que El Día de Acción de Gracias, al reproducirle a las nuevas generaciones la idea de lo que significa ser estadounidense, rescató a Estados Unidos de su propia autodestrucción. “Es fácil ver por qué esta historia atrae a los estadounidenses, que siempre han tendido que reconciliar el orgullo que tienen por su país con el hecho de que desplazaron a los habitantes originales y no pudieron afirmar que vinieron de la tierra en sí, como lo hacen muchas otras ideologías nacionales”, afirma Shapiro porque permite una narración de los hechos desde ese día al presente como pueblo elegido por sus instituciones que consagran la libertad como la democracia. Estos peregrinos, como pasaron a ser llamados, llegaron en el Mayflower y, antes de hacer tierra, los 41 hombres entre los ciento y pocos pasajeros firmaron el Pacto del Mayflower (Mayflower Compact), que otorgaba derechos políticos a cualquier hombre dispuesto respetar las leyes que ellos mismos se promulgarían. El texto de este pionero pacto social de autogobierno en la era moderna pronunciaba:

"Nosotros, cuyos nombres están suscritos…hacemos por estos presentes, solemne y mutuamente en la presencia de Dios y unos con otros, pacto y nos combinamos juntos en un Cuerpo Político Civil para nuestro orden y preservación y fomento de los fines antedichos; y por virtud de esto establecemos y aprobamos, constituimos y formamos, tales justas e iguales leyes, Ordenanzas, Actas, Constituciones y Oficios, de tiempo en tiempo, según sea considerado muy propio y conveniente para el Bienestar General de la Colonia”

La costosa travesía de los pioneros fue financiada por la Compañía de Plymouth que reunía importantes comerciantes e inversores privados que adquirían acciones que prometían importantes ganancias dado los elevados riesgos del emprendimiento. El Pacto de Mayflower fue justificado por sus signatarios porque, por causa de una tormenta, el navío acabó arrastrado a una zona distinta de la asignada a la Compañía por el Rey Jacobo I, y, por lo tanto, se consideraron libres de esta obligación.

Así, entendieron que ese contrato social fue celebrado por hombres libres, aunque manteniendo la lealtad al Rey de Inglaterra. En 1629 una nueva colonia – bastante mayor – se formó de peregrinos que, como parte de la Gran Migración puritana, huían de las tensiones religiosas y la angustia económica en Inglaterra. Previa breve estadía en Holanda, decidieron probar suerte en el nuevo continente con el objetivo de “tener libertad y vivir cómodamente”, y se establecieron también en Massachusetts.

Los puritanos que migraron de Inglaterra para Holanda eran separatistas porque –a diferencia de los no-separatistas que decidieron permanecer dentro de la Iglesia Anglicana e intentar “purificarla” desde dentro– consideraban que la Iglesia era demasiada corrupta para poder ser reformada. Por la identidad que existía en ese momento entre la iglesia y el estado, esta decisión podía ser castigada como acto de traición en una época de la historia inglesa de violentos conflictos religiosos. Así, decidieron retirarse de Inglaterra procurando un ambiente para poder profesar su fe en libertad. Los puritanos que decidieron abandonar Holanda para el Nuevo Mundo le adicionaron a este deseo de libertad, la misión de convertirse en un ejemplo para la humanidad creando una comunidad cristiana modelo, que sería como un recomienzo de la historia humana porque vivirían de la manera que Dios ordenó.

Esta percepción de estar cumpliendo una misión humana y espiritual inaugurando una experiencia única en el mundo del siglo XVII sería expresada por John Winthrop, líder de la colonia puritana, en palabras que serían famosas: “debemos considerar que seremos como una ciudad sobre una colina. Los ojos de todas las personas están sobre nosotros". Esta frase de Winthrop hace referencia directa al Sermón del Monte o de la Montaña, en el Nuevo Testamento, donde Jesús afirma: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte”.

La nación indispensable

El historiador Robert Kagan, en su libro Dangerous Nation, explica que las ideas religiosas protestantes y puritanas representaron un ‘Nuevo Canaán’, una nueva tierra dotada de un nuevo ‘Pueblo elegido’, que prevalecerían a lo largo de la historia de Estados Unidos, como ‘ideología nacional’ que proclamaba “que la forma de organización de la sociedad estadounidense era la más avanzada que el planeta había presenciado”, invitando al mundo a seguir sus pasos. EE.UU. salvaría estos valores para el mundo en las dos guerras mundiales, en la guerra fría y en la lucha contra el terrorismo. “Descartando por completo los medios por los que EE.UU. siempre ha ejercido su poder”, continúa Kagan, “nos protegemos de esas desagradables verdades imaginando que hemos creado esta sociedad más próspera materialmente en virtud de nuestra propia industria, genio creativo, ética de trabajo y nuestro carácter nacional excepcionalmente humano”.

El Día de Acción de Gracias y sentirse Pueblo Elegido son las bases para que el pueblo estadounidense se unifique en una percepción de ser único, intrínsecamente diferentes a todos los demás, por estar constituidos como república democrática de libre-mercado en base a los valores de libertad e igualdad. Si bien esto significa que sería un pueblo superior a los demás, éstos valores hacen que Estados Unidos tenga la misión de liberar al mundo de la opresión a la libertad. Más allá de que los colonos mantuvieron las declaraciones de lealtad a los distintos reyes ingleses hasta independizarse y que varios se instalaron con apoyo económico de compañías comerciales, de hecho, se desarrollaron lejos de cualquier control efectivo real de poderes políticos europeos y ausentes sus estructuras sociales jerarquizadas.

Ambos factores han sido constantemente resaltados como evidencia del carácter exclusivo del pueblo estadounidense por sus líderes políticos. George Washington en su famoso mensaje de despedida, afirmó que Estados Unidos constituye “una gran nación para dar a la humanidad el ejemplo magnánimo y demasiado novedoso de un pueblo guiado siempre por una justicia y una benevolencia exaltadas”. Thomas Jefferson, el redactor de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, definió que el país debía constituirse como “Imperio de la Libertad” y que no temía “que el resultado de nuestro experimento sea que se confíe en los hombres para gobernarse a sí mismos sin un amo” porque constituía “la mejor esperanza para el mundo”. Similarmente, Abraham Lincoln en su famoso discurso de Gettysburg en 1863, sostuvo que la Unión tenía el deber de garantizar que “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no perezca de la tierra”, porque constituía “la última y mejor esperanza sobre la tierra”.

Un siglo después, John F. Kennedy, declararía que “en la tarea de construir una administración ... he sido guiado por el estándar que John Winthrop puso ante sus compañeros… Hoy en día, los ojos de todas las personas están realmente sobre nosotros, y nuestros gobiernos, en cada rama, en todos los niveles, nacional, estatal y local, debe ser como una ciudad sobre una colina, construida y habitada por hombres conscientes de su grave confianza y sus grandes responsabilidades”. Antes de él, Woodrow Wilson, durante la primera guerra mundial, sostendría que “esa es la única distinción que tiene América. Otras naciones han sido fuertes, otras naciones han acumulado riquezas tan altas como el cielo, pero han caído en desgracia porque usaron su fuerza y su riqueza para la opresión del hombre y su propio engrandecimiento; y América no traerá gloria para sí misma, pero desgracia, siguiendo esos senderos de la historia. Debemos seguir nuevos caminos, y llevar este espíritu y difundir este mensaje sobre todos los mares y en todos los puertos del mundo civilizado.” También Ronald Reagan continuaría esta visión como concepto y obligación moral de Estados Unidos: “conservaremos para nuestros hijos esto, la última y mejor esperanza del hombre en la tierra, o los sentenciaremos para que den el primer paso hacia mil años de oscuridad”. En su Discurso de Despedida como presidente en 1989 afirmaría que:

“He hablado de la ciudad brillante toda mi vida política, pero no sé si alguna vez comuniqué lo que vi cuando lo dije. Pero en mi opinión, era una ciudad alta y orgullosa construida sobre rocas más fuertes que los océanos, con viento, bendecida por Dios, y repleta de personas de todo tipo que viven en armonía y paz, una ciudad con puertos libres repletos de comercio y creatividad, y si tenía que haber murallas de la ciudad, las paredes tenían puertas, y las puertas estaban abiertas para cualquier persona con la voluntad y el corazón para llegar aquí.”

Más recientemente, Hillary Clinton afirmaría que “América es grande porque América es el bien”, por lo que “la gente de todo el mundo nos mira y sigue nuestro liderazgo". Barack Obama sostuvo que “Estados Unidos no es solo una gran nación en el sentido de que es poderosa, sino que nuestros valores e ideales en realidad importan”. Bill Clinton como presidente afirmó: “El hecho es que América sigue siendo la nación indispensable".

Fin de indispensabilidad?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene que su objetivo es hacer "America grande nuevamente". Pero sus formas que atropellan valores con que los estadounidenses buscan identificarse, sea cierto o no, están haciendo que duden de las instituciones que los unifican como sociedad. Además, la disparidad económica interna (los tres estadounidenses más ricos ahora tienen tanta riqueza como el 50% de la población) hace que muchos no se sientan beneficiados. Así, las recientes elecciones parlamentarias confirmaron una división interna que los alarma. Molly Brown, en Time, la resumió: “Divididos estamos: Una casa demócrata, un senado republicano, y dos años próximos complicados” y The Economist evaluó que “Un país completamente dividido ahora tiene un gobierno dividido.”

En 2013 la ex Secretaria de Estado, Condoleezza Rice afirmó que el mundo necesitaba que Estados Unidos “resolviera sus problemas…el mundo necesita un ejemplo de esperanza” para enfrentar sus problemas dado que “América llevará al mundo a un lugar mejor si encuentra la voluntad”. El escritor Ben Fountain considera que, después de la Guerra Civil y de la Gran Depresión, Estados Unidos está atravesando su tercera crisis existencial, que demandará ‘quemar’ el viejo orden para que se reinvente nuevamente.

Si Trump constituye o no la solución para esta crisis existencial - con China pisándole los talones -, del país más poderoso del mundo, está por verse. Lo que no se puede negar es que, como ha dicho Condoleeza Rice: “muchas veces Estados Unidos ha hecho que lo imposible parezca retrospectivamente inevitable”.

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