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La columna de Daniel Montamat: Trump Oil

La columna de Daniel Montamat: Trump Oil

Por lo que sabemos el imperio empresarial del presidente electo de los Estados Unidos no incluye por ahora compañías petroleras, pero varias de sus definiciones políticas van a tener repercusión en esta industria. Ha explicitado que Estados Unidos dará marcha atrás en la suscripción de acuerdos de libre comercio; que Estados Unidos no va a ratificar los compromisos negociados en la cumbre de París sobre el cambio climático; y que Estados Unidos buscará la ‘independencia energética’.

Si menos comercio implica mayor debilitamiento de la economía mundial, queda claro que habrá que revisar las previsiones de crecimiento de la demanda petrolera mundial (unos 96 millones de barriles día promedio en 2016) a la baja. Esto complica la absorción de excedentes y la reducción de inventarios con impacto a la baja de precios.

La no cooperación de Estados Unidos (hoy el segundo emisor de gases de efecto invernadero después de China) con los esfuerzos voluntarios del planeta para evitar que la temperatura media no se eleve por encima de los 2ºC de los niveles preindustriales (ya estamos 1.2º C por encima) complica la meta propuesta (los compromisos alcanzados ya eran insuficientes) y dificulta internalizar los costos ambientales de la emisiones fósiles (impuesto a las emisiones de CO2).

Las nuevas energías tendrán que imponerse en una cancha desnivelada. Puede venir algún ‘cisne negro’ por el lado de la tecnología (baterías de almacenamiento, gestión de demanda y redes inteligentes) que acelere la reconversión de la matriz energética mundial; pero ese impulso ya no contará con la promoción oficial de Estados Unidos. Sin embargo, la reticencia de apoyo americano a las iniciativas relativas al cambio climático, no va a alterar mucho el proceso de sustitución intrafósiles que se viene dando en ese país en especial (el gas sustituye al carbón mineral) y a nivel de la matriz mundial, en general.

"En energía, cancelaremos las restricciones a la producción de energía norteamericana", dijo Trump. Esto implica la posibilidad de prolongar la vida útil a centrales de carbón que debían reconvertirse a gas natural. Pero la sustitución de carbón por gas junto al rendimiento de las nuevas centrales de ciclo combinado se viene imponiendo por razones estrictamente económicas contra las cuales el mismo discurso del Presidente electo se queda sin argumentos.
Es política de Estado en el país del Norte el objetivo de ‘seguridad energética’. La apuesta de Trump a la ‘independencia energética’ está inscripta en esta línea, pero es más exigente. ‘Seguridad’ presupone suministro de fuentes confiables. ‘Independencia’, suministro propio o autoabastecimiento.
Estados Unidos sigue siendo el principal importador de petróleo del mundo (un promedio de 7 millones de barriles día). La revolución del shale le aseguró el autoabastecimiento en materia de gas natural (hoy puede exportar excedentes), y le proveyó varios millones de barriles día adicionales de producción petrolera. Pero la producción de crudo estadounidense disminuyó en cerca de 1 millón de barriles diarios desde su pico de abril de 2015 de 9,6millones b/d después de que los perforadores respondieron a la caída de los precios deteniendo la actividad de las plataformas. El presidente electo planea abrir más tierras y aguas federales a concesiones de petróleo y gas, modificar los permisos para nuevos proyectos energéticos y rescindir acciones ejecutivas del presidente Barack Obama. Pero la reacción de la producción americana necesita un barril de crudo más caro. En esto el objetivo de Trump es convergente con el corte de producción que negocian la OPEP y Rusia para que suban los precios. La producción de la OPEP este año aumentó a 34 millones de barriles por día, aproximadamente 2 millones más que el año pasado. Si no hubiese acuerdo en la OPEP, ¿sería imaginable en el contexto de la nueva política energética americana un precio sostén para un ‘barril gringo’ a semejanza de nuestro ‘barril criollo’? Especulaciones como estas y otras referidas al valor del dólar en relación a otras divisas retroalimentan incertidumbres sobre la evolución de los precios. El balance, estimo, terminará inclinándose a un aumento de precios del crudo.