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Todos los caminos llevan a una reforma tributaria

FERNANDO AGLIANO  Contador Socio de Agliano & Asoc. y Member of Euraaudit Int.

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Ya finalizando el 2016, con un éxito en el ingreso de fondos por el Sinceramiento Fiscal, se nos avecina un 2017 en el que sería oportuno comenzar a proponer una reforma fiscal seria, teniendo en cuenta que la Argentina en toda su historia impositiva fue ‘tapando baches’, aumentando la presión fiscal en forma desmedida y cambiando las reglas del juego impositivas creando desconfianza en el inversor e impactando negativamente en las pymes.

Una pregunta sería: todos los contribuyentes que blanquearon: ¿saben realmente las reglas del juego del post blanqueo? ¿están claras esas reglas impositivas?
Entre las incongruencias impositivas que vivimos en el día a día, podemos citar que las escalas de ganancias, si bien se actualizaron, se hicieron por debajo de la inflación acumulada, lo que hace que todavía gran cantidad de personas tributen por la alícuota máxima. Podemos mencionar que en Argentina se grava más por los impuestos al consumo sin diferenciar ingresos y patrimonios, manteniendo impuestos regresivos.

Ni hablar del ‘maldito impuesto a los ingresos brutos’ y de las perversas prácticas de nombrar cada vez más agentes de recaudación y percepción para recaudar a mansalva sin un orden y un criterio establecido, generando además complicaciones administrativas.

Podemos citar el polémico Sircreb que retiene sobre los ingresos bancarios, sin poder entender como contribuyentes, los criterios aplicados o los ‘padrones’ creados totalmente a discreción.

Hoy en día podemos encontrar múltiples pymes con saldos a favor del impuesto a los ingresos brutos por aplicarse duplicidad de retenciones (por ejemplo a los comercios les aplican retención las tarjetas y los bancos).
Además vivimos nuestro día a día con leyes, resoluciones y decretos que sobreponen información, creando declaraciones juradas duplicadas o que perjudican el día a día la vida de las pymes sin un sentido en concreto.
Otro punto a tener en cuenta (y que muy pocos analistas mencionan) es el alto costo laboral, costo crítico para las pymes.

En época de sinceramientos, debería coordinarse un blanqueo laboral y sincerarnos para tener un empleo de alta calidad, un programa de incentivos a las pymes para tomar personal y un cuadro progresivo de pago de cargas sociales, reduciendo el impacto en el gasto operativo.
Dentro del caos, convivimos con el ya eterno impuesto al cheque que llego como una emergencia. Y así podríamos seguir enumerando infinidad de distorsiones impositivas.

Por otro lado se habla de bajar la presión tributaria cuando el gasto público no deja de aumentar. Por todo esto, se avecina una reforma tributaria. Esperemos que esta vez sea seria, prolija y profesional, entendiendo las necesidades de cada sector, incentivando la inversión y que de una vez por todas dejemos de ser un país adolescente. De nada servirá una reforma fiscal para tapar agujeros o quedar bien con la agenda política. Reglas claras por favor. Feliz 2017.

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