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Todo termina en la electricidad, el gas también

SERGIO ABREVAYA Presidente GEN

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El verdadero problema del gas en la Argentina es que el 35% lo consume la producción eléctrica. Esa es la causa real por la que debemos importar. Así el 45% de la energía eléctrica es generada con gas. Hoy la electricidad depende de él.

En los 90, se cultivó el paradigma petróleo, en un país exportador de hidrocarburos que expandía su producción y exportación, se buscó que el transporte y la energía dependieran de ello. Una evidente mirada de corto plazo y la avidez por dinero rápido y fácil impulsaron el abandono de una Argentina que hasta Alfonsín, con la electrificación del Roca, seguía invirtiendo en trenes como transporte e hidroeléctricas -con la inauguración de Alicurá y Río Grande, mientras iniciaba Piedra del Águila y atómicas, como Atucha II, como generadores principales de electricidad.

Europa estaba en ese camino que, en lo que refiere a transporte, le permitió ganar la carrera de desarrollo aún a los norteamericanos. Era obvio que el desarrollo dependía de la electricidad y ésta iba a consumir todo lo que tuviese que ver con energía. Es tan así que el mundo se encamina al auto eléctrico.

Aun así, hoy Gobierno y petroleras reclaman una multimillonaria inversión en exploración y explotación de gas, porque falta. Falta gas y falta electricidad, por eso se importa el gas. Y nos explican que nos sale más caro por la exploración permanente. Así convencieron al gobierno anterior y a éste del desarrollo bajo el mismo paradigma petrolero: ‘Plan Gas nuevo’, pagándolo la friolera de u$s 7,5 en boca de pozo. Es como seguir tirando nafta al fuego.

Estamos ante una nueva oportunidad. El paradigma debe ser el de generación de electricidad con recursos accesibles, de manera más eficiente y más barata. Debemos abandonar el modelo petrolero de los 90. Las tarifas no deben generar inversión para un modelo arcaico e ineficiente.

Las represas y plantas nucleares sólo requieren mantenimiento tras la fuerte inversión inicial (que no es mayor que la exploración y explotación del gas). Para la hidroeléctrica hay 30 proyectos identificados para generar 8000 MW por la anterior Secretaría de Energía. Así lo describe Echarte, ex Secretario de Energía de Alfonsín en conjunto con varios ex secretarios de energía en su libro ‘Consensos energéticos 2015’. La otra es la termonuclear, porque tenemos la tecnología y la materia prima. La más potente de las tres centrales operativas aporta casi 700 MW. Con diez termonucleares podríamos producir 7000 MW.

Las otras dos, incipientes en la gestión anterior y prometidas en ésta, son la eólica y la solar, aunque para ello hay que agregar la idea de la generación diversificada en toda la población, como se hizo en Europa.

Soy autor de una Ley de Promoción de Energía Solar en la Ciudad de Buenos Aires, que hace seis años está sin reglamentarse, por eso me cuesta creer en los anuncios del gobierno en ese sentido. Ésta sirve para paneles solares y para termotanques solares (tengo uno en mi casa). Pero también requiere una nueva legislación nacional, que permita la producción diversificada en hogares y unidades productivas y que ello se pueda sumar a la red.

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