Tirole, el Nobel que ya ‘inventarió’ el oficialismo en su avanzada regulatoria

Se entusiasman con el flamante Premio Nobel de Economía quienes se sienten ligados sentimentalmente al modelo económico que lleva adelante el Gobierno. En rigor, prácticamente lo reclaman para sí, y la excusa es que este economista francés, Jean Tirole, que ha pasado buena parte de su vida académica en los EE.UU., ha dedicado los últimos 34 años al impacto que tienen las grandes empresas en las economías oligopolios y monopolios y que, huelga decirlo, son en gran medida responsables de un buen número de desequilibrios en varias latitudes del orbe.

Sin embargo, sería complejo trazar una línea directa entre las investigaciones de Tirole y lo que aquí se pretende establecer mediante regulaciones forzadas y controles que en muchos casos no cumplen con los supuestos objetivos prefijados.

La Academia Sueca de Ciencias ha laureado un trabajo que pone la lupa sobre el predominio de las grandes empresas y la competencia imperfecta que impera en los mercados. La escuela francesa ha sido, quizás, la que mayor dedicación le ha dado a la regulación en la última década, en consonancia con el creciente interés que han despertado los lógicos límites que hubo que imponer una vez evidenciado el desastre que provocaran los bancos de inversión en los Estados Unidos.

La competencia "perfecta" con información dada en un contexto similar, se presenta así como un caso de baja probabilidad de ocurrencia en la realidad. La evidencia va en otro sentido, donde existen agentes económicos que detentan mayor fuerza que otros. La "información asimétrica", es decir, los sectores de la economía de los cuales los gobiernos no tienen datos para entender su cabal funcionamiento, se materializa como una de las obsesiones del autor.

Sin embargo, es menester evitar cualquier lectura simplista e interesada que haga del Premio una bandera a favor de la desmedida intervención del Gobierno en la economía, máxime si se tiene en cuenta cuál ha sido la materia de estudio del académico premiado.

Tirole concentra sus esfuerzos en pensar qué fue de los antiguos monopolios públicos ahora privatizados en varios países del planeta como el agua, la electricidad, el transporte y las telecomunicaciones, y cómo aceitar la maquinaria de la competencia cuando estas empresas tienen una gravitación importante en la economía. En ningún caso plantea Tirole que se trata de una propuesta transversal para toda la economía.

El autor aclara que todas las industrias son diferentes, que no debe aplicarse la misma política tributaria para unos y otros, y hasta se permite ser crítico con los gobiernos que simplifican las cosas haciendo común denominador y aplicando una misma política económica para todos los sectores.

Es más: si bien uno de los sectores en los que manifiesta mayor interés de regulación es el sector financiero, señala que se trata de una actividad tan compleja y con múltiples matices, pero tiene siempre en mente un sistema financiero como el de los Estados Unidos, donde los inmensos capitales especulativos puestos en acción generaron un derrumbe en masa que, como de costumbre, el bolsillo de los contribuyentes terminó financiando.

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