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Tiro a la línea de flotación

MARIO CAPELLO Sub Secretario Desarrollo Minero Ministerio de Energía y Minería

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La consultora Abeceb proyectaba en el 2009 que para este año las exportaciones mineras alcanzarían los u$s 16.000 millones anuales, pero apenas rondaremos u$s 3,5 mil millones. Decenas de miles de millones de dólares prefirieron otros países, miles de puestos de trabajo creados cobijaron a otras familias en otros lados, Chile, Perú, Colombia en la región; Australia, Canadá, Suecia, EE.UU., Sudáfrica, México, un poco más lejos.

La explicación era, y es, una sola. Ningún país con riqueza mineral aplica retenciones a sus exportaciones minerales. Así lo habían entendido los candidatos presidenciales más importantes en las elecciones generales del 2015. Sus equipos económicos proponían la eliminación.

Mauricio Macri llevó adelante su propuesta electoral anulando un impuesto regresivo para las economías regionales. La minería respondió con la continuidad de trabajos en 117 pymes nacionales exportadoras de minerales industriales y el alargamiento de la vida las 14 minas metalíferas en producción. Tres que estaban en procesos de cierre y dos que con retenciones hubieran cerrado, sumarán exportaciones por u$s 1300 millones, otorgarán continuidad salarial para 12.600 familias y 2350 pymes proveedoras seguirán con sus trabajos.

No existe otra actividad en la que un emprendimiento empuje a la creación de tantas empresas pymes como la Industria Minera. Un solo proyecto de clase mundial demanda unas 1200 pymes para abastecerlo. El mundo está mirando asombrado el liderazgo del presidente Mauricio Macri, analizando el nuevo marco macro económico y la recuperación de la competitividad regional. Las Inversiones en exploración comenzaron a llegar como respuesta a las medidas aplicadas, los 26 proyectos mineros más avanzados, requieren inversiones por casi u$s 30.000 millones. Son estos proyectos los que nos garantizan la Continuidad del Desarrollo.

La Continuidad, hace que a una mina que se agota, le siguen otras y así sucesivamente. No hay mineral en la corteza terrestre que se haya agotado ni que esté por agotarse. Los yacimientos no ocurren aislados, están en zonas donde existen muchos otros, de ahí lo valioso de fomentar la exploración minera.

Empezábamos trabajosamente a recuperar confianzas en nuestro país. India y China necesitarán mucho cobre en los próximos 20 años y nosotros, que también lo necesitamos, lo tenemos en yacimientos de clase mundial que se extienden desde Neuquén hasta Salta. El mundo y nosotros consumimos cada vez más litio, por ser el agente más eficaz, hasta hoy, en el proceso de carga y entrega de energía de una batería; nosotros lo tenemos en los salares de nuestra Puna y también en pegmatitas y rocas graníticas de Catamarca, La Rioja Córdoba y San Juan. El mundo busca oro, plata y otros metales valiosos que todos consumimos y necesitamos; nosotros los tenemos a lo largo de toda la cordillera, en la meseta central patagónica y en las sierras pampeanas. Quien tiene un territorio con estas riquezas dadas no lo desaprovecha, por eso Australia y Canadá nos sacaron tantas ventajas.

De mala manera, soldando a la minería con la ludopatía y la timba financiera, dando datos parciales y falsos en cuanto a impactos fiscales y mano de obra, intentando aprovechar la mala imagen que hoy tiene este sector de nuestros recursos naturales, se intentó hacerles creer al país que cerrando minas y desempleando a miles de compatriotas, podíamos eliminar el impuesto a las ganancias del salario de los trabajadores que lo tributan.

Muchos dirigentes que acaban de dejar una administración con enormes dificultades económicas y financieras, empujando al mayor número de trabajadores a pagar este impuesto, desde que en diciembre de 1973 el presidente Juan Domingo Perón lo impusiera, hoy son quienes exigen que, en un año, de golpe, todos los argentinos asumamos un costo fiscal de $ 130.000.000.000, en un país que arrastra la vergüenza de exhibir un 32% de pobreza, los que sin dudas no están en las prioridades de los propulsores de esta medida.

Muchos tratan a la industria minera como algo similar a plantar semillas. A los seis meses exigen versus frutos. También suelen usarla para expiar culpas colectivas, en materia ambiental y frente a repetidos fracasos de históricas promesas de desarrollo económico. Pero un legislador de la Nación no debería presentar números fiscales que no son ciertos, confundir los tiempos de la minería con los del campo, leer mal las estadísticas respecto del empleo, darles la espalda a los sueños de mantener o conseguir un trabajo digno al que se aferran los habitantes de las provincias cordilleranas.

Mal que pese, el haber afirmado lo que se repitió en estos días hasta el cansancio sobre la industria minera, no fue un ac to en contra de una actividad que en el mundo se entiende y promociona. Fue un tiro a la línea de flotación del barco en el que navegamos 40 millones de argentinos.