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¿Tiene cura el 'nominalismo'?

VÍCTOR PEIRONE Doctor en Economía Universidad de Buenos Aires (UBA)

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¿Tiene cura el 'nominalismo'?

El inicio de las discusiones paritarias enfrenta al país una vez más con su enfermedad. No hay peor enfermo que quien no reconoce su mal. La falta de un diagnóstico claro suele ser un problema recurrente en medicina, desdeñando cualquier cura posible.

En el caso de la economía el diagnóstico es más difícil aún porque las sintomatologías persistentes tienden a presentarse como rasgos de unicidad y hasta de normalidad. Ahora bien, ¿cuáles son los síntomas del ‘nominalismo‘?

Los agentes económicos enfermos de ‘nominalismo‘ tienden a creer que la riqueza puede ser creada, apropiada o distribuida independientemente de la productividad de los factores o de la inversión adicional incorporada al proceso productivo. Esto es como pretender una porción de la torta más grande sin que las raciones de todos los participantes crezcan proporcionalmente.

El mal involucra por igual a trabajadores y empresarios argentinos alentando una creciente puja distributiva. Salarios y utilidades nominales son valuaciones de un flujo de bienes producidos. Los aumentos de la remuneración de los factores (salarios o utilidades) no tendrán nunca efectos reales si las cantidades producidas no aumentan. Mi porción sólo crecerá si la torta crece. Las discusiones por el tamaño de las porciones se facilitan cuando hay crecimiento.
La inversión es la levadura de la torta. La misma viene descendiendo en los últimos 8 años. Los nuevos empleos y el crecimiento de los salarios dependen de esta variable. En una economía con mercados concentrados la situación se agrava. Las empresas con posiciones dominantes trasladan a precios las subas de costos en desmedro de las firmas más pequeñas. Las pymes y las economías regionales son dos víctimas de esta afección.

El nominalismo tiende a empeorar ante la presencia de una presión tributaria agobiante o una política fiscal inconsistente y/o regresiva. El capital y el trabajo se disputan la remuneración ‘neta‘ de su esfuerzo o de su riesgo. Las negociaciones salariales o las discusiones al interior de las cadenas de valor siempre terminan apuntando a la carga impositiva involucrada en las transacciones.

Las propuestas sectoriales de reformas tributarias solo pretenden bajar la carga de quienes las promueven. Sin solución a la vista la prescripción es mantener el status quo y es allí donde aparece la dinámica inflacionaria.
En el caso argentino esto se cristalizó en la fórmula "un poco de inflación no es mala". Mientras en la agenda pública en la mayoría de las economías en desarrollo este flagelo ha tendido a desaparecer, en el país se instaló con cierta resiliencia. El aumento de precios promedio se ha mantenido en el mundo muy por debajo del 5% anual.
Por otra parte la economía local ha convivido con altos niveles de inflación por más de una década, apreciando el tipo de cambio real y desmoronando la competitividad de la producción local.

Este trastorno aísla al país de la economía global. Pretender una mayor utilidad sin inversión o un mayor salario sin productividad enfrenta al trabajo y al capital con una dinámica sin salida condenando al atraso, el desempleo y la pobreza. En este caso las preferencias de los agentes están viciadas de sesgos inconsistentes. Estos sesgos no permiten a las firmas y a las familias desarrollar su potencial en una economía global altamente integrada como la actual. La cura al problema depende, como todo en economía, de la capacidad de coordinar o consensuar soluciones. Cuanto más se esté dispuesto a ceder y más paciencia haya en las negociaciones menor será el costo social del tratamiento. Las medicinas alternativas funcionan como placebos temporarios. Los atajos terapéuticos siempre son caros y las soluciones monetarias mágicas no remediarán el infortunio.

Las próximas negociaciones paritarias y los planes de negocios de las empresas son una primera instancia para comenzar el tratamiento. Los liderazgos sociales, empresarios y políticos deben contribuir como elementos catalizadores de una recuperación que destierre al desempleo y la falta de oportunidades. Los excluidos y los jóvenes en busca de su primer empleo estarán agradecidos.

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