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Técnicos de Macri creen que aún falta jugar tres tiempos en el partido contra la inflación

Técnicos de Macri creen que aún falta jugar tres tiempos en el partido contra la inflación

Mauricio Macri comparte con su ministro de Economía una pasión irrefrenable: ambos son fanáticos del fútbol y de Boca. Saben, en consecuencia, que la suerte de los técnicos suele medirse por los resultados dentro de la cancha.

Hay que decir que un gran alivio para el Gobierno y sobre todo para el país, hasta ahora, es que la performance de los técnicos que eligió Macri para manejar la economía, aún con mucho debate, luce bastante más presentable en el arranque que los últimos resultados en el Club de la Rivera.

Por otra parte, en el partido que juega el equipo de Macri contra la inflación, si bien los primeros minutos del primer semestre del año parecen dramáticos con algunos goles en contra, todavía queda mucho tiempo de juego. Desde el banco se promete pierna fuerte y jugadas de pizarrón para dominar la pelota y empatar hacia el final del primer tiempo. Golear y gustar, recién en el complemento, ese segundo semestre en que se proyecta llevar la inflación a menos de 1% mensual para salir campeones. En el Palacio de Hacienda, se comprende, prefieren hoy estar menos pendiente del torneo local y mirar los ejemplos de la NBA o el Superbowl.

Certámenes que se juegan en 4 tiempos, no en dos. Cuatro trimestres para llegar al triunfo, recién sobre el final
A los hombres que manejan la economía de Macri les preocupan las expectativas. Confundidos en la interna entre gradualistas y ortodoxos dentro y fuera del Gobierno a la que también ellos contribuyen promocionándose como progresistas en las redes sociales, prefieren a veces ocultar la magnitud del ajuste que están administrando. Además del efecto fiscal de la devaluación, la eliminación de subsidios y el aumento de tarifas, el Ministro de Economía habría sido mucho más ortodoxo que lo que se presenta en público.

"Alfonso no le pidió un mango al Banco Central ni en enero ni en febrero. Se sentó sobre la caja como hace años no pasaba. Los proveedores y contratistas lo quieren matar. A nivel primario, antes del pago de intereses, en enero terminamos en equilibrio fiscal. Cada año, en enero, se gasta casi 8% del presupuesto de todo el período. Y nosotros sólo gastamos 5%", comentaba la semana pasada un allegado al ministro en rueda con banqueros.

Es cierto que semejante ortodoxia no es sostenible todo el tiempo (los pagos no se pueden pisar in eternum) pero ese ahorro fiscal le permitió al Banco Central frenar la expansión monetaria de 40% en diciembre a 24/25% en febrero. Y si bien en marzo habrá que volver a emitir, los bancos deben comenzar a integrar encajes mensuales por casi $ 20 mil millones (solo es trimestral esa obligación en el período diciembre-enero-febrero), con lo cual la cantidad de dinero en la calle se mantendría restringida.

Con esta receta, más anuncios tribuneros contra empresas, comercios y márgenes de comercialización; Macri y sus técnicos confían en salir del asedio mediático y catedrático acerca de cómo va la compleja lucha contra la inflación. Suponen que el segundo trimestre traerá un respiro y que la batalla recién comenzará a percibirse como un triunfo en la primavera. Argumentan que lo peor ya está pasando y con un daño no tan profundo si se tiene en cuenta que se aumentó el precio del tipo de cambio de $ 9 a 15, bajaron retenciones a los alimentos y se anunció un tarifazo histórico.

Mirando números, el promedio mensual de la inflación en todo 2015, el último año de Cristina, fue 2% mensual (1,9% exacto). El primer trimestre de Macri daría 11/12% de inflación, digamos 4% promedio mensual. Es decir que a pesar de la devaluación, las retenciones y las tarifas, la inflación de Macri resultó en los primeros tres meses de su gestión apenas 6 puntos por encima de la que venía con Cristina: 12% trimestral, en lugar de 6% trimestral. Macri le agregó 2 puntos mensuales al drama que venía con Cristina.

Es obvio que esa dinámica no puede continuar. En el Banco Central están seguros que los precios irán desacelerándose. Explican que los efectos de la política monetaria tardan unos seis meses en llegar a la calle. Recién ahora se está saliendo de la dinámica híper expansiva de la gestión Vanoli, para ingresar en la onda contractiva de Sturzzennegger. Con cada vez menos circulante en la calle las proyecciones oficiales son las siguientes: 12% de inflación en el primer trimestre, 5% a 6% en el segundo, 3% a 4% en el tercero, y 2% a 3% en el último, para llegar entre 22% y 25% al acumulado de 2016. Significa bajar la actual inflación de 4% mensual en el primer trimestre, a 1,5/2% en el segundo trimestre; a 1/1,5% en el tercero y finalmente a menos de 1% en el último cuarto del año.

Cuatro tiempos, como en el Superbowl o la NBA, claro que con las ansiedades, prácticas y miserias de un país futbolero. El Presidente no quiere perder el respaldo de las encuestas que todavía le sonríen ampliamente y se queja de quienes le reclaman más severidad fiscal (me corren por derecha, dice cada tanto); también su ministro de Economía eligió hace años un perfil político sobreactuando a la izquierda para equilibrar su paso por la ‘patria financiera’. Y el hombre más importante en el Gabinete, el jefe de Ministros Marcos Peña, obviamente prefiere evitar costos políticos porque se imagina para él un futuro promisorio en las carreras electorales por venir. Deberá desafiar la maldición del cargo: salvo a Sergio Massa, los votos nunca acompañaron ni a los Fernández, ni a Jorge Capitanich, mucho menos a Juan Manuel Abal Medina.

Todos gradualistas, críticos de las políticas de shock y observadores muy celosos de las restricciones políticas que impiden sanear la economía. Como si los argentinos no tuviéramos experiencias de shock. Sobre todo los shocks de pobreza que vienen azotando a los argentinos hace décadas. El Rodrigazo en los 70; el fin de la tablita en los 80, la híper de Alfonsín y Menem, el estallido del 2001 o recientemente el cepo. Todas experiencias de shocks de pobreza para la gente, y siempre por lo mismo: los gobiernos gastan mucho más que lo que recaudan. A veces se financia con emisión e inflación, otras con deuda externa, venta de las joyas de la abuela y finalmente default. Un gasto exponencial intocable, que nadie quiere bajar, entre otras cosas porque el gasto público es ingreso privado. Minorías de la sociedad que se lo llevan a costa de los impuestos y la inflación que pesa sobre los que trabajan y producen.

La historia Argentina del gradualismo y los shocks de pobreza, cada vez que la economía ajusta por las malas aquello que los dirigentes no quisieron resolver, y siempre con la misma excusa: las restricciones políticas.

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Comentarios2
demian baus
demian baus 18/02/2016 12:37:38

La inflación es un costo adicional que genera la economía cuando las empresas en situación de colusión defienden sus rentabilidades. bajarla es materia de generar diversidad del lado de los oferentes

Ernesto Calvo Rodriguez
Ernesto Calvo Rodriguez 18/02/2016 08:42:59

La falta de los resultados buscados es directamente proporcional a la incompetencia: cuanto mas ineficiente es un equipo mas tiempo necesitara para ganar el partido