Tapar el agujero suena despectivo, pero es lo que debe hacer Hacienda

El problema no es la deuda, el problema es el agujero. Esa frase sintetiza el desafío fiscal de la Argentina, ya que si bien muchos concentran su atención en la emisión de deuda que realiza el Gobierno para financiar el déficit, hay una sola forma de mejorar esta ecuación para que no se transforme en una bola de nieve: la salida más sana es achicar el gasto y mejorar los ingresos.

Lo que sucede es que para buena parte de los ciudadanos el hueco fiscal suele ser invisible. O mejor dicho, lo transforman en invisible para no tener que hacerse cargo ni del problema ni de la solución.

Cuando el Gobierno los números fiscales, como sucedió ayer con los datos de enero, habilita un debate técnico sobre la dinámica de los ingresos y de los gastos, que en parte desdibuja un poco el fondo de la cuestión. La recaudación del blanqueo no está, es cierto, y la ANSeS sigue generando un ingreso extraordinario por el rendimiento de todos los activos que tenían las AFJP y que hoy están en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

La planilla no es una expresión ideal, es casi el resultado de gestión de un gerente financiero que busca encuadrar el mes. El objetivo de fondo es achicar el agujero tratando de acudir un poco menos al BCRA y al endeudamiento. La carga de intereses de deuda también expresa parte de este realismo, ya que trasladó un pago al Central que debería haberse anotado en 2017 y pagos de cupones que se repetirán en el primer mes del año.

La colocación de deuda no es una solución, sino un medio para llegar a una solución. Para que todas las críticas que genera esta estrategia tengan sentido económico y no solo político, en el párrafo siguiente debería haber una propuesta sobre cómo achicar el rojo. El Gobierno, mientras tanto, buscará tapar el agujero. Y aunque la expresión parezca descalificativa, ése es el trabajo que debe cumplir el ministro de Hacienda. Ni más ni menos.

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