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Sturzenegger, entre la justificación técnica y la concesión política

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LAURA GARCÍA Editora de Finanzas

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Sturzenegger, entre la justificación técnica y la concesión política

Fue un ajuste menor. Simbólico. Pero con la elocuencia de los gestos que se erigen en señales. La estricta explicación de Sturzenegger sobre una inflación "core" a la baja que habilita el recorte de tasas no disimula ni distrae de lo que para el mercado estaba en juego. El bastión de la autonomía. Muchos esperaban que el titular del BCRA al menos dilatara la decisión para reforzar su credibilidad ante la presión de Economía. Los más críticos ya advierten que está cometiendo el mismo error dos veces. Después de todo, ya se habían apurado a bajar la tasa este año y la movida resultó prematura, dicen. Pero incluso quienes lo defienden, y reconocen en la justificación de Sturzenegger un argumento técnicamente irreprochable, ven la sombra inevitable de la política.

En todo caso, el daño colateral de este nivel de tasas es real. Si bien seca la plaza de pesos y descomprime el tipo de cambio, ahoga el crédito y en el proceso, demora la recuperación de la actividad. Pero además supone un costo delicado para la propia entidad en la medida en que sigue incrementando su deuda. El stock de Lebac en pesos creció $ 180.000 millones en menos de cinco meses (desde $ 285.000 millones en noviembre de 2015 hasta $ 465.000 millones en abril de 2016). Así, según datos de Macroview, esa deuda pasó a significar más del 70% de la base monetaria y el 40% de los depósitos del sistema bancario, récord en una década. En la gestión Fábrega, por ejemplo, suponía el 48% y el 26%, respectivamente. Cada mes enfrenta el vencimiento de más del 60% del stock. Pero además, los intereses a pagar se duplicarán este año hasta $ 150.000 millones, casi la misma cantidad que se piensa emitir para financiar al Tesoro.

De cualquier modo, la baja de ayer fue mínima y sin efecto monetario. La semana que viene vencen casi $ 80.000 millones y habrá menos margen para pruebas. Pero sobre todo, la módica reducción de ayer no cambia el hecho de que la Argentina deberá seguir conviviendo con tasas altas por un tiempo todavía si quiere domesticar a la inflación, con una demanda de divisas para atesoramiento aún alta y sin los dólares de la inversión golpeando por ahora a las puertas. Sobre todo cuando hoy se pide semejante esfuerzo a la política monetaria, con reducción "gradualista" del déficit fiscal. Sturzenegger lo sabe. Más allá de su concesión.