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Sostenibilidad corporativa, más allá de la RSE

La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es vista en algunos ámbitos como un ejercicio superfluo gracias a la propagación de malas prácticas y ejemplos poco felices de antaño.

Sin embargo en el mundo de las empresas predomina hoy una gran mayoría de casos positivos que demuestran la importancia que las organizaciones están dando a sustentabilidad y los impactos que generan en el entorno en donde operan, no ya como una cuestión accesoria, sino como parte central de su plan de negocios.

Si bien aún hay mucho camino por recorrer, hoy en día es difícil encontrar a un dirigente corporativo que sostenga que hacer buenos negocios pasa exclusivamente por engrosar el balance, sin tener en cuenta la forma, las consecuencias y el contexto social en que se logran los resultados económicos.

En el mismo sentido, ya no es suficiente comunicar a accionistas, consumidores, empleados y proveedores cuál es la visión de negocios de la compañía, sino también cómo lograrla y con qué impactos.

En este contexto, iniciativas como la de los 10 principios del Pacto Mundial de Naciones Unidas (ONU), hoy reconvertidos en la agenda 2030 para el desarrollo sostenible y sus 17 ODS (Objetivos del Desarrollo Sostenible), han sido muy importantes en los últimos años para motorizar un cambio, que como resultado más tangible, ha logrado elevar el "deber ser" de las empresas.

Se trata de un camino sin retorno y que sólo por poco tiempo más seguirá siendo optativo, ya que las nuevas generaciones, con una impronta muy marcada de conciencia sobre los temas de sustentabilidad y medio ambiente, son ciudadanos, trabajadores y consumidores mucho más comprometidos con las prácticas corporativas de RSE y sostenibilidad y por lo tanto "empujaran" a las empresas en esa dirección.

Para las compañías que dan sus primeros pasos en temas de RSE y sostenibilidad corporativa, es importante que busquen generar cambios en forma transversal en sus procesos de negocios y en su estructura organizacional, para lograr de ese modo una mayor incidencia. Del mismo modo, es importante que el impacto tenga visibilidad y se sienta puertas adentro, entre sus colaboradores y su cadena de valor.

Si asumimos que todos somos responsables socialmente por nuestras acciones y que debemos ser conscientes de los impactos que generamos, el desarrollo de la gestión sostenible debiera ser un objetivo central y estratégico de todas las empresas, impulsando a la vez una mayor profesionalización de la práctica.

La comunicación de buenas prácticas, un mayor peso a los reportes sociales o de sostenibilidad en la evaluación de la performance de las empresas, la ampliación de los espacios de capacitación y entrenamiento en el desarrollo de la gestión orientada a la sostenibilidad dentro de las organizaciones, son apenas algunas de las acciones que nos llevarán evolucionar de la RSE a la sostenibilidad corporativa.