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"Son las ventas, tonto..."

La Confederación de la Alimentación (Copal) señaló la semana pasada la conveniencia de reducir los costos laborales no salariales para poder recuperar la competitividad ‘perdida’. Dijo la Copal: "La pesada carga tributaria y los costos laborales no salariales atentan contra la competitividad de la industria de alimentos y bebidas, en especial de las pymes y economías regionales. Necesitamos una segunda generación de reformas para volver a crecer alcanzado la competitividad resentida".

Coetáneamente, FIEL recomendó eliminar rigideces de la legislación laboral. Una conceptualización reversible para presionar ‘a la baja’ las negociaciones salariales.

¿Cuáles serían los costos laborales no salariales? Según la OIT son pagos por tiempo no trabajado: beneficios y bonificaciones legales y convencionales, con contribuciones y cargas sociales del empleador, indemnizaciones por despido, accidentes, enfermedades profesionales.

Es un retorno a los 90, reduciendo beneficios sociales.
Un estudio para Argentina de la Oficina Regional de OIT sobre el tema señalaba, hace 22 años: "Se han impulsado políticas públicas sobre el mercado de trabajo dirigidas entre otros objetivos a reducir el costo laboral como uno de los instrumentos principales para abaratar los costos de producción y mejorar la competitividad externa. La mayoría de los costos del trabajo, además del salario, constituyen la contrapartida monetaria de beneficios sociales y de la protección laboral de los trabajadores. De allí que su potencial reducción no podría ser evaluada solo desde el ángulo unilateral de los costos sin considerar los efectos de la disminución de los niveles de protección del trabajador, la cuestión del financiamiento de dichos beneficios y el grado de sustitución que probablemente exista entre ellos y el salario (salario diferido)".

Mas adelante señala los factores que deciden la ventaja competitiva de una empresa "como las ventajas asociadas con la diferenciación de productos (calidad de bienes y servicios, producción casi personalizada, diseño, marcas políticas de venta), tecnología e información, y el aprovechamiento de las economías externas de especialización y escala". Agreguemos valor de la moneda.

La competitividad está centrada en el costo del trabajo por unidad de producto y no en el costo laboral por unidad de trabajo. Hay aparente confusión semántica entre el costo del trabajo por unidad de producto, "cuyas variables no están limitadas al ámbito laboral" y el costo del trabajo por unidad de trabajo, cuyos costos no salariales son beneficios irrenunciables de sindicatos y asalariados que se quieren reducir. En el primero poco y nada tiene que ver el trabajador; el segundo le incumbe porque son beneficios sociales. Se desea reducirlos por ser beneficios por tiempo no trabajado, que encarecen el producto final. Se recuperaría así la competitividad reduciendo beneficios al trabajador.

Los reclamos salariales están condicionados a una favorable correlación de fuerzas. Henry George decía ya hace cien años que solo la fuerza sindical permite el alza de los salarios. Por ello, se atemoriza al trabajador para debilitar esa acción sindical. Es una devaluación social promovida como alternativa a la imposible devaluación del peso.

Aparente cuestión semántica, al confundir costo del trabajo con costo del producto, en un derecho reversible, que dejaría de ser derecho del trabajo para ser del capital.

Los empresarios deberían recordar el pedido de Roberto Alemann y Domingo Cavallo en 1994 y 1995: "Rebajar primero las altas retribuciones de los ejecutivos". Y recordando la expresión de Carville consejero de Clinton , ante la pregunta : "¿son los costos laborales no salariales?", habría respondido : "NO, ...Son las ventas, tonto".

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Comentarios1
Julio Guillermo Voget
Julio Guillermo Voget 11/02/2017 11:33:47

LOS GREMIALISTAS SE QUEDAN QUE UN NEGOCIO ENORME DE LAS OBRAS SOCIALES. ¿Porque no las monopoliza el Estado?