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Sociedades disruptivas

Imagen de HUMBERTO ROGGERO

HUMBERTO ROGGERO Ex embajador y ex diputado nacional

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No pasa una semana, ya no un mes o un año, para que surja algo nuevo, sea en aplicaciones para los teléfonos inteligentes, en cuestiones médicas, biotecnología, nanotecnología, o de los diferentes campos de la inteligencia artificial. Sólo para señalar alguno ejemplos.

Todo este acelerado proceso tecnológico no se define por un conjunto de tecnologías emergentes en sí mismas, sino por la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital, en una velocidad increíble y que, al carecer de marcos conceptuales certeros, da lugar a la disrupción, a industrias disruptivas. La denominada Economía Colaborativa permite acercar a oferentes y demandantes, en nuevos formatos de propiedad o consumo, que afectan modelos tradicionales de negocios en áreas como turismo, hotelería, automotriz, siderurgia o gastronomía.

Estamos frente a un nuevo modelo de negocios, que reemplaza al vertical integrado. Este modelo generaba muchos empleos, tanto propios como indirectos, pero a partir de los años 80 y 90 emerge una economía on demand que trae incorporados los grandes cambios tecnológicos. La nueva realidad representa la ruptura de la relación capital-trabajo, generando relaciones laborales temporarias que dan lugar a las empresas disruptivas. Como afirma uno de los dueños de Upwork: "Cada persona es el CEO de su propio negocio y por eso es un independent contractor".

Según el Brookings Institute, el 40% de los empleos actuales estará en peligro de extinción en un futuro no muy lejano. Podemos poner como referencia a la robótica avanzada y la digitalización de los procesos productivos, que hacen posible que ya existan plantas, como Philips en Holanda, donde 147 robots, con nueve personas en tableros de control llevan a cabo la fabricación de sus afeitadoras eléctricas.

En Argentina

Se hace necesario pensar dónde estamos parados en nuestro país con respecto a los cambios que se avecinan. Visto desde los números macro, el mercado laboral parece estancado. Los trabajadores con plenos derechos abarcan el 43% de la Población Económicamente Activa (PEA). Ha crecido el empleo precario, que junto a los planes sociales, representan el 48% del PEA, porcentaje que equivale a más de 9 millones de trabajadores. Sumados al 9% de desocupados, hay más de 10 millones de empleos de baja calidad, o de personas sin empleo o dependientes de planes sociales.

El Informe del Observatorio de la Deuda Social aporta valiosas conclusiones, entre ellas, dos que sirven de ejemplo. La primera es la enorme cantidad de empleos de baja calidad que genera la economía micro-informal, solo para atender actividades de escasa o nula productividad, alejada de los procesos globales y de capacidades competitivas. La segunda es una pesimista percepción de quienes tienen buenos empleos, quienes creen que, de perderlos, tendrán pocas chances de reubicarse en un puesto similar.

Queda claro que tenemos un mercado de trabajo segmentado, que nos pone frente a una sociedad dual típica del subdesarrollo. En este contexto, deberíamos avanzar en al menos dos caminos. Primero, exigir a las firmas on demand: a) Requisitos mínimos tributarios, laborales y previsionales. b) Que informen sus operaciones en el territorio, aun cuando se manejen con ‘big data’ fuera de la jurisdicción. c) Definir un mínimo de condiciones que deberán cumplir las firmas tecnológicas con respecto a la contratación de personas, propiedades, vehículos, etc.

El segundo camino es que frente a los cambios irreversibles del mercado del trabajo se deben actualizar los contenidos y formas de enseñanza primaria y secundaria.

El mundo al que vamos nos obliga a actuar con responsabilidad para anticiparnos a estos efectos disruptivos. Podríamos encontrarnos frente a una ‘tormenta perfecta’ en la que la creciente desigualdad, el desempleo tecnológico, los efectos del cambio climático y los peligros éticos que pone en juego la manipulación genética, producidos al mismo tiempo, amplificarían las consecuencias.

Termino este análisis relatando el diálogo producido entre Henry Ford ll y el líder sindical Walter Reuther, cuando recorriendo juntos una planta automatizada, el empresario bromeó: "Walter ¿Cómo harás para que estos robots paguen las cuotas sindicales?", a lo que Reuther contestó: "Henry, ¿Cómo vas a hacer para que a vos te compren tus autos?".