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Sin presupuesto dibujado, ahora Macri empezará a exigir resultados

Dentro de una semana, la administración de Mauricio Macri empezará a operar por primera vez con el presupuesto que elaboró su equipo. Todo el 2016 fue gestionado con un plan de trabajo para el Estado diseñado y aprobado por el kirchnerismo antes del cambio de gobierno, esquema que ni siquiera reflejaba las necesidades potenciales de quien era su candidato, Daniel Scioli.


El texto en cuestión fue sancionado el 28 de octubre de 2015, cuando la Argentina se encaminaba a un ballottage y varios legisladores se preguntaban si era útil contar con una herramienta que había sido preparada exclusivamente con los lineamientos del gobierno que se iba. La inflación prevista era de 14% (diez puntos menos de lo que estimaban las consultoras privadas) y apuntaba a un crecimiento de 3%, nivel que ni el propio kirchnerismo tenía expectativas de alcanzar.


Después de doce meses, los números revelan dos circunstancias: la primera es que el gasto público nominal duplicó la cifra que figuraba en ese presupuesto. Esa variación es consistente con la idea de que Mauricio Macri termina el año con más déficit fiscal del que proyectaban en un inicio. La segunda es que frente a lo que gastó Cristina Kirchner en 2015, se desembolsó 37% más, o sea algo menos que la inflación. Eso significa que en términos reales el gasto se mantuvo constante. Ni desborde ni ajuste.


La Casa Rosada logró que el Congreso le votara el Presupuesto 2017. Ya no podrá escudarse en las demoras que causaba el uso constante de decretos para habilitar cada obra no contemplada. Por eso el Presidente les repite a sus funcionarios que se propongan hacer diez acciones diferentes a como se ejecutaban hasta ahora: "Se terminó el tiempo de aprender, de ahora en más les voy a pedir todo el tiempo resultados". El Presidente verá ahora si su equipo está a la altura del desafío que viene.