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VIERNES 24/05/2019

¿Ser individualista o ser egoísta?

Quizás la mayor confusión de la visión del mundo liberal es presentar como totalmente sinónimos ‘individualismo’ y ‘egoísmo’. En muchos casos, lo son; en muchos otros, no: pueden llegar a ser opuestos.

ANDRÉS FERRARI HAINES

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros

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¿Ser individualista o ser egoísta?

Las palabras de Gabriela Michetti aconsejando que “cada uno se genere su propio trabajo” porque “el trabajo tradicional, de contrato, de que hay una empresa que te ofrece el trabajo, va a ser muy chiquito”, están en consonancia con las que recientemente expresó el presidente Mauricio Macri: “Nadie puede pretender ganar más que lo que vale su trabajo, porque eso deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo”.

Quizás la mayor confusión –o victoria ideológica– de la visión del mundo liberal es presentar como totalmente sinónimos ‘individualismo’ y ‘egoísmo’. En muchos casos, lo son; en muchos otros, no: pueden llegar a ser opuestos. Es decir, ser egoísta significa no ser individualista y viceversa.

Individualismo es la “tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás”, según la Real Academia Española – que afirma que egoísmo consiste en “atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”.

Aunque parezcan, a primera vista, sinónimos, muchas veces, “pensar y obrar con independencia de los demás” no es la mejor manera de “atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”. Para la filosofía individualista liberal – de la cual la doctrina de libre mercado es parte – son completamente sinónimos: no hay forma de atender el interés propio más que actuando en forma individualista.

Su mito para calmar posibles escrúpulos es que si todos siguen este mantra el resultado social será el mejor posible para todos y cada individuo. La contracara de este mito es su elegía de que intentar no ser individualista/egoísta no sólo no mejora al prójimo, sino que también uno se perjudica.

Pero la realidad no muestra eso. Desde que el mundo “llegó al fin de la historia” porque habría aceptado, universalmente, como única posible la sociedad del individualismo liberal, con la caída de la Unión Soviética, las condiciones de vida de la mayor parte de los individuos empeoraron fuertemente. No por causa, en sí, de que el mundo soviético era “superior”; sino, porque la sociedad capitalista liberó drásticamente todas las barreras al comportamiento económico egoísta/individualista que, por causa de la Guerra Fría, el mundo occidental se había auto-colocado.

De acuerdo con las Naciones Unidas una de cada nueve personas en el mundo pasa hambre (821 millones). El Credit Suisse señala que la riqueza de las ocho personas más ricas del mundo es igual a la riqueza de la mitad de la población mundial más pobre. Estas elocuentes cifras son resultado de la tendencia del capitalismo liberal individualista: en 2000, el 1% más rico de la población poseía 45.5% de la riqueza mundial.

Esta concentración se produjo a pesar de que el banco suizo destaca que la riqueza mundial no sólo creció en la última década 27%, sino que lo hizo en magnitud superior al aumento de la población mundial. Así, en términos per cápita la riqueza se ubicó en la cifra récord de US$ 56,540. Por eso, la contracara de esto fue que nunca hubo tantos millonarios (36 millones de personas) en el mundo. Es que, por efecto del liberalismo económico, ese 1% se quedó en 2017 con 82% de los ingresos mundiales.

La directora ejecutiva de la organización Oxfam, Winnie Byanyima, señala la magnitud de la desigualdad global como ‘impactante’ y alerta que “la brecha entre ricos y pobres se está acrecentando a gran velocidad", mientras que su colega, Mark Goldring, viene apelando en el Foro Económico Mundial a “los líderes mundiales para contener los ingresos extremos y que se comprometan a la reducción de la desigualdad, al menos hasta los niveles existentes en 1990. Es decir, un año antes del Bing-Bang del actual neoliberalismo desenfrenado.

Por eso uno se pregunta si realmente la mejor forma de ser egoísta consiste en ser individualista. Para la mayor parte de la población parece que haber “pensado y obrado con independencia de los demás” – aceptando el liberalismo económico – no fue la mejor manera de “atender desmedidamente al propio interés”. Lo mismo parecen indicar los brutales aumentos en la pobreza, desempleo, cierre de empresas y caída del consumo y demás índices en Argentina desde que Macri aplicó esta visión.

Curioso es que, frente a estos resultados, sus defensores - para mantener el individualismo/egoísta -, nos piden lo contrario: ¡que no se lo seamos! Igual que hace Macri suplicando que uno no pretenda ganar “más que lo que vale su trabajo” para no dejar “a cientos de miles de argentinos sin trabajo”.

Esa es “la solución” de esta filosofía al resultado social (“la tormenta”) que pensar en forma individual genera: rogar por un individualismo no egoísta – “poner el hombro” – para que unos muy pocos continúen haciendo individualismo y egoísmo conjuntamente.

Así como, por ejemplo, ser caritativo demuestra posible ser individualista y no egoísta, pensar y obrar con dependencia de los demás puede ser la mejor forma de ser egoísta. ¿A cuántos individuos les sirve, egoístamente, una doctrina económica que deja cientos de miles de argentinos sin trabajo?

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