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Se consolidan las cadenas de valor pero Argentina está rezagada

El pasado 4 de febrero se firmó en Auckland, Nueva Zelanda, entre los ministros de comercio de 12 países, el ‘Trans Pacific Partnership’ (TPP) el cual, si bien concede algunos años a sus miembros para su entrada en vigor, generará reducciones de barreras arancelarias y no arancelarias para alrededor del 40% del comercio mundial (Canadá, EEUU, México, Chile, Perú, Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Japón, Malasia, Singapur y Vietnam). Este parece ser un gran paso en medio de una tendencia. En el mundo hay vigentes ya unos 400 acuerdos de reducción de barreras arancelarias y no arancelarias entre países.
Uno de los principales efectos de estos acuerdos es que facilitan la integración de encadenamientos productivos entre empresas que se alinean en sus estrategias y acciones a través de las fronteras. Es lo que se conoce como ‘cadenas globales de valor’ (CGV). Ellas son una de las razones que llevaron a las exportaciones mundiales de mercancías de 2 billones de dólares en 1980 a cifras de entre 18 y 19 billones de dólares hoy. Las CGV generan arquitecturas vinculares que permiten que desde la concepción del producto (investigación y desarrollo), pasando por la fabricación de los componentes, el ensamble o integración y hasta llegar a la distribución y comercialización, se asocien a través de distintos actores en diversos puntos del planeta. Hoy el 60% de las importaciones mundiales corresponden a bienes intermedios porque las empresas dividen sin mayores problemas sus operaciones alrededor del mundo. Reducciones de costos y saltos cualitativos propios de la diversidad se han asociado en una revolución en la informática, las comunicaciones, la manufacturación, el transporte, la logística, los marcos jurídicos y las finanzas.
Sostiene la UNCTAD que las CGV ya generan el 80% del comercio mundial. Estas cadenas están lideradas por las empresas transnacionales (1/3 del comercio mundial es intra firma) pero están integradas también por otras empresas que son proveedoras de aquellas y que generan exportaciones en el mundo por nada menos que 6 billones de dólares anuales. Como consecuencia (si se suman también el comercio de servicios y las exportaciones intra Unión Europea), mientras en 1980 la economía mundial exportaba 17% de su producción, en los últimos años la economía mundial ya llegó a exportar alrededor casi el 40% de su producción. Y (lo que es relevante para las oportunidades de Argentina) esto permitió que la intervención de los países en desarrollo en el comercio global del valor agregado creció del 20 por ciento en 1990 al 30 por ciento en 2000, y últimamente superó el 40%.
Ahora bien: según la OMC, poco más del 30% de las exportaciones argentinas ingresan en CGV (entre ellas, algunas de granos, frutas o automotores). Mientras, la proporción de exportaciones que se vinculan con CGV es de más del 35% en el caso de Brasil, casi el 40% en Colombia, más del 40% en Perú, casi 45% en Costa Rica, por encima de 45% en México, y más del 50% en Chile. Y la proporción de exportaciones que ingresa en CGV supera en un 50% la proporción de las de Argentina en Indonesia, Arabia Saudita o Sudáfrica; y duplica la proporción argentina en los casos de Malasia, Corea o Taiwán. En promedio, los países emergentes insertan la mitad de sus exportaciones en las CGV.
El Secretario General de la UNCTAD, Supachai Panitchpakdi señaló hace un tiempo que las "cadenas de valor mundiales están en todas partes y demuestran que la inversión y el comercio son dos caras de una misma moneda. En consecuencia las autoridades de cada país tienen que tomar en cuenta ambos aspectos cuando piensan en desarrollo y crecimiento económico".
Por ende, un objetivo inmediato para Argentina debería ser generar los atributos competitivos en sus empresas y las condiciones en los marcos de referencia para lograr la inserción de más actores en las CGV, siendo que (ante la desaparición de los altos precios internacionales) esta parece ser una sustentable manera de incrementar el comercio internacional.

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