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Salarios, empleo y desempleo en la recesión

JUAN LUIS BOUR

Economista jefe FIEL

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Salarios, empleo y desempleo en la recesión

Los ingresos reales de asalariados cayeron durante 2018 a una tasa que se fue acelerando hasta superar holgadamente lo ocurrido durante las últimas recesiones. En efecto, si bien en promedio anual el valor del Ripte ajustado por la inflación de Indec (total país) habrá caído poco más de 5% frente a 2017, un descenso parecido al registrado en 2014 y 2016, no caben dudas que la punta del año (diciembre) marcará una caída bastante mayor. Para los cuentapropistas la situación podría ser peor.

Pasada la recesión sabremos cuán persistente fue la caída de ingresos reales, y cuánto tiempo le tomó recuperar los niveles previos. Con la gran recesión de 2002 hubo que esperar hasta 2007 para recuperar ingresos reales del año 2001, mientras que bastó un año para que la caída de ingresos reales de 2009 se recuperara. Desde 2012 se sucedieron recesiones con caída de ingresos laborales que no lograron recuperar los niveles previos, ya que antes que ello ocurriera caímos en un nuevo ciclo contractivo.

Una mirada dual respecto de la evolución de los salarios reales durante las recesiones viene dada por el comportamiento de las empresas en términos de acelerar o retrasar contrataciones y despidos. La serie de despidos que provee Tendencias Económicas muestra picos bien marcados del índice coincidente con las recesiones (excepto en 2017 cuando también hay un pico). Se observa que en la actual recesión -con datos a octubre- el pico de despidos se mantiene por debajo de lo observado en recesiones previas. Los datos sobre empleo formal privado provistos por Trabajo presentan un esperado comportamiento procíclico, aunque no muy marcado. Cabe esperar que el cuarto trimestre del año muestre las primeras caídas interanuales, luego de las registradas en 2016.

Los indicadores podrían sugerir que este ciclo atenuado en materia de empleo se explica en parte porque la caída de salarios reales determinó una caída de los costos laborales mayor aún entre productores de bienes transables- que evitó transitoriamente un salto en los despidos. La decisión acerca de si el ciclo atenuado de despidos se mantendrá o no en próximos meses depende esencialmente de las perspectivas de recuperación de los agentes económicos: cuanto más rápida la expectativa de salida, mayor la necesidad de mantener los planteles. Si estas expectativas cambian y se prevé una recesión más prolongada, o se presentan nuevos factores bajistas (shocks domésticos o externos, cambios de política tributaria e inestabilidad macroeconómica), el comportamiento de las empresas podría cambiar, acelerándose la tasa de despidos.

Por el momento se observa -con datos hasta septiembre- que las tasas de salida ajustadas por estacionalidad han descendido tanto en GBA como a nivel del total del país. Consistentemente también cayeron en forma más acelerada las tasas de entrada, por lo que el resultado neto es el estancamiento y eventual caída del empleo formal. En recesiones previas (2009, 2014, 2016) se observó un aumento de las tasas de salida luego compensado en la recuperación por un aumento mayor de las tasas de entrada.

La abrupta caída de ingresos reales y de costos laborales podría haber jugado -junto con la expectativa de una recesión corta- un papel importante en el comportamiento observado hasta aquí en el mercado de trabajo. Sin embargo basar un proceso de estabilización en el anclaje de los salarios es una estrategia de corto alcance, a juzgar por la reversión a la media que tarde o temprano se observa en los ingresos reales cuando no sobrevienen episodios disruptivos que atrasan dicha convergencia.

La crisis de 2001/2 es un ejemplo de disrupción que "proporcionó tiempo" para iniciar un ajuste estructural que nunca tuvo lugar: tras desplomarse en 2002/3, los costos laborales volvieron a trepar por aumentos de impuestos, regulaciones, restricciones al comercio y atraso cambiario. La baja de costos por la devaluación generó ganancias transitorias de competitividad y probablemente evitó un salto del desempleo pero, a menos que la recesión se profundice, el "ancla" del 2018 no estará disponible en forma permanente.

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