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Referendum en Gran Bretaña: ¿deja la Unión Europea?

El próximo jueves 23 de junio los ciudadanos británicos deberán decidir en un Referendum trascendental el futuro del Reino Unido de Gran Bretaña. Su resultado será también muy significativo para los 28 Estados Miembro que componen la Unión Europea, especialmente, si se produjera el triunfo del ‘Leave’, como pareciera que sucederá, de acuerdo a las últimas encuestas.
Las consecuencias, de producirse el alejamiento del Reino Unido de la Unión Europea, se reflejarían en el tablero mundial (inclusive, aunque pueda parecer bizarro, en la política exterior de nuestro país).
La voluntad política de los británicos de irse de Europa no es nueva, desde 1973, cuando ingresaron a la entonces denominada Comunidad Económica Europea (CEE antecedente de la actual Unión Europea), desde el número 10 de Downing Street, como desde amplios sectores de la sociedad civil se consideró a Bruselas un lugar hostil para los intereses británicos, es decir, su ingreso a las instituciones de la Europa Continental no fue producto del entusiasmo, sino de una decisión impulsada con rigor por las grandes empresas británicas a quienes les convenía un Mercado demandante y rico.
Por otra parte es oportuno recordar que la historia de la construcción de Europa ha sido una sucesión interminable de avances y retrocesos de luchas y enfrentamientos. La Europa posterior a la segunda gran guerra se edificó para impedir que en el futuro no se volviese a ese pasado recurrente de guerras e invasiones sangrientas, su construcción apuntó no solamente al crecimiento económico. El Proyecto europeo diseñado por Konrad Adenauer y Charles De Gaulle, apoyado por los partidos demócrata-cristianos, era de mayor envergadura y por eso necesitaba que Gran Bretaña también participara o al menos que no se opusiera.
En la etapa actual, ese proyecto exitoso de Integración, el más avanzado en la historia de la humanidad, ha dejado de ilusionar a los ciudadanos europeos (al menos a muchos de ellos). En Gran Bretaña que lo había asumido como un mal menor, el escepticismo ha ido aumentando y en este momento la mitad, por lo menos, de los británicos desea dejar de ser parte de esa Europa.
Los británicos en general ven que el predominio económico alemán decide unilateralmente el rumbo europeo y ahora se les ha agregado el tema de la inmigración. Para muchos de sus ciudadanos el paisaje que hoy ofrecen Londres y otras grandes ciudades, como Birmingham, Manchester o Liverpool, no les es propio, no es el mismo que existía cuando nacieron, vivieron, se educaron y crecieron. Eso sucede desde hace años, pero ahora, se le ha sumado el terrorismo integrista islámico.
Como ejemplo vale recordar que el Alcalde (Mayor) de Londres que ganó recientemente las elecciones, es de religión musulmana, hijo de inmigrantes pakistaníes; ‘el miedo al Otro’, que los ataques en París de principios de año ha incrementado el temor a que futuros ataques se realicen en su territorio, al que consideran vulnerable por la gran cantidad de inmigrantes musulmanes que tienen y que continúan llegando por las facilidad que les otorga la cercanía de Europa y la falta de rigor en las normas migratorias que desde Bruselas y Estrasburgo se les impone por ser Estado Miembro de la Unión Europea.
Todo ello se conjuga para impulsar por parte de los escépticos de Europa el apoyo al ‘leave’ que crece cada vez más y aumenta las chances de que el resultado del Referendum se vuelque por la salida.
En ese marco en la Europa Continental muchos hacen cálculos de cómo se podría, eventualmente, reducir los costos del alejamiento británico, empresas y gobiernos se preparan para esa posibilidad tratando de pagar el menor costo nacional, sabiendo que el proceso integrador europeo, sin Gran Bretaña, se debilitaría significativamente y dejaría mayor poder y espacio geopolítico a otros actores internacionales en clara ascensión, como China, o en franca competencia, como Rusia. Además debilitaría a los Estados Unidos, como ya lo expresara públicamente el Presidente Obama.
Sería un golpe hacia los actuales procesos de Integración que se producen en otros lugares del mundo como en nuestra Latinoamérica.
Los derechos humanos, el medio ambiente y las libertades fundamentales, presentes hoy en la agenda internacional y que sostiene activamente la Unión Europea, se verían seriamente debilitados en un momento que surgen y avanzan partidos neofascistas y chauvinistas, como en Austria, en Francia y en la propia Gran Bretaña.
Esta es la realidad a pocos días de una decisión fundamental y que a la Argentina le toca de cerca por la cuestión Malvinas.

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