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¿Quién hace Justicia?

MAURICIO DEVOTO Secretario de Planificación, Ministerio de Justicia de la Nación

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La Corte Suprema de Justicia

La Corte Suprema de Justicia

Hoy más que nunca los argentinos exigimos Justicia y que se termine con la impunidad y la corrupción. Nos consideramos merecedores de una sociedad más justa y pacífica. Nos miramos al espejo: "Ya hicimos nuestra parte y tenemos derecho a reclamar". Parece que por fin llegó la hora.

Salen a la luz casos de corrupción denunciados hace años y los expedientes se mueven como nunca en los juzgados. Redes y más redes de sobreprecios y lavado. Operatorias burdas y berretas. Nos cansamos de criticar a periodistas y políticos, pero en este caso la luz se la debemos a periodistas y políticos comprometidos con la verdad.

Creemos conocer quiénes son los injustos, impunes y corruptos. Los tenemos bien identificados: sus nombres y sus prácticas deshonestas nos son recordados todos los días por los diarios, la radio, la televisión y algunos políticos. No nos interesa demasiado diferenciar los casos: marche preso todo el que haya pasado por Panamá. También decimos conocer quiénes son los que tienen que imponer penas y luchar contra la corrupción, los jueces.

Si nos apuran un poco, le reclamamos a todo funcionario público que tenga algún cargo que suene importante, porque si no es juez o fiscal seguro que tiene alguna influencia sobre el Poder Judicial. Y si nos dice que no puede poner presos a los delincuentes porque él es funcionario del Poder Ejecutivo y la Justicia le corresponde al Poder Judicial, se lo pedimos igual. Por algo tendrán un Ministerio de Justicia en el Poder Ejecutivo.

Aquel reclamo generalizado de la sociedad justa y pacífica que nos merecemos no es un reclamo neutro. Suele basarse en un presupuesto que no percibimos por falta de información o formación, o no cuestionamos por conveniencia: los malos, corruptos, injustos, agresivos, los que constante y permanentemente quieren destruirnos o quedarse con lo que no les corresponde, son los otros; y los obligados a salvarnos, los que hacen justicia, con sus exclusivas atribuciones constitucionales, con sus privilegios que generalmente criticamos y sacrificios que no estaríamos dispuestos a hacer, también son siempre ‘otros’.

Así transitamos por la vida, como si nosotros, personas comunes y corrientes, y nuestras acciones cotidianas, poco o nada tuvieran que ver con la sociedad injusta y corrompida que denunciamos y con la construcción de la sociedad justa y pacífica que decimos merecer. Difícilmente escuchemos a alguien que con sinceridad vincule lo ‘justo y pacífico’ de la sociedad deseada con las consecuencias de sus propias acciones.

Resulta extraño escuchar a alguien vincular los papeles que arroja diariamente a la calle, el maltrato a sus empleados, la falta de diálogo con sus hijos, sus pequeñísimos actos de corrupción siempre impunes que confunde con viveza criolla y el incumplimiento sistemático y deportivo de las leyes, con los males que al mismo tiempo denuncia y pone en cabeza de otro. Difícil escuchar a alguien que vincule su constante y permanente predisposición a orientar su voluntad hacia la confrontación y el conflicto, tendencia alentada por el kirchnerismo y demás populismos en la última década, con la sociedad injusta y corrupta en la que dice vivir, cuyo desarrollo atribuye a otro y cuyo salvataje también exige a otro.

El nuevo gobierno procura devolver al país los rasgos institucionales de una República. El mensaje ha llegado al Poder Judicial, por lo que aun dentro del contexto antes descripto donde tanto la Justicia como lo justo y pacífico de la sociedad parecería siempre depender de otros, algunos jueces y fiscales hacen lo que corresponde. Pero el solo hecho de que haya más y más juicios, más y más estructura judicial, más y más judicialización de los conflictos, más arrepentidos, dinero y bienes de la corrupción recuperados, sean del palo de donde sean, no será suficiente para generar la sociedad deseada.

La Justicia no sólo son los jueces. La Justicia no es el Poder Judicial. La Justicia es un valor. Un hábito. Es la constante y permanente voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde. No es privativa de poder, sistema, autoridad o persona alguna. Todos podemos ejercerla. La Justicia no se reclama, se hace. La sociedad justa y pacífica no se merece. Se construye todos los días. La clave no está en lo que ya hicimos, sino en lo que hacemos en forma constante y permanente.

La Argentina necesita de una estrategia integral para volver a construir sus instituciones públicas. Trabajar en esta nueva actitud por parte de la sociedad es novedoso y disruptivo, indispensable para el cambio cultural que necesitamos. Vivir la Justicia como un valor nos unirá y permitirá alcanzar una sociedad más justa y pacífica. Porque así la habremos construido. Nosotros. Justo vos.

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