Promesas que igual no borran las tensiones

El Gobierno se ha preocupado, desde que Alejandro Vanoli reemplazó a Juan Carlos Fábrega en el Banco Central, por transmitir ideas que calmen las aguas y enderecen las expectativas. El principal mensaje que esparcieron, tanto Axel Kicillof como el nuevo jefe del BCRA, es que no hay ninguna intención de repetir una devaluación como la de enero pasado.

Lo que no aparece en el discurso es la posibilidad de debatir como se corregirá el ostensible atraso cambiario, producto de la inflación acumulada y de la apreciación del dólar a nivel mundial. Para los exportadores, "no devaluar" no es una promesa tranquilizadora. El Gobierno está dispuesto a que el tipo de cambio funcione como ancla antiinflacionaria, pero como son pocos los importadores que tienen acceso al valor oficial, ese efecto no se consigue. La ganancia del "congelamiento cambiario" es muy relativa porque, por las restricciones, muchas empresas toman como referencia para sus costos -y sus precios- el dólar liqui.

Si Economía o las provincias no suman dólares financieros, y el swap con China es el único oasis de dólares en vista, aunque el Gobierno garantice el rumbo, la tensión de la economía no desaparecerá.

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