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Por qué el Empalme no generará empleo

HERNÁN LETCHER Director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)

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Por qué el Empalme no generará empleo

Desde el gobierno nacional se lanzó la semana pasada el Programa de Inserción Laboral que tiene por objetivo ‘empalmar’ los planes sociales existentes con una relación de dependencia o nueva contratación para el beneficiario.

Como indica el programa: "La ayuda económica mensual que percibirán los participantes de programas nacionales de empleo y de desarrollo social durante la nueva relación laboral tendrá carácter de subsidio al empleo y podrá ser contabilizada por los empleadores como parte de su remuneración laboral neta mensual".

Asimismo, se determinó que "los empleadores interesados en acceder al incentivo económico para la contratación laboral de participantes de programas nacionales de empleo o de desarrollo social" deberán adherir al Programa de Reinserción Laboral creado en el año 2006 y "solicitar la incorporación al mismo de las trabajadoras y los trabajadores que contraten".

Esta política no es novedosa para el mercado laboral de nuestro país. La misma había sido implementada desde 2010, durante la gestión anterior. Resulta una iniciativa útil, pero de escaso efecto en un escenario donde el mercado de trabajo expulsa trabajadores. El planteo del Gobierno al volver a impulsar este programa reincide en un diagnóstico equivocado sobre el funcionamiento del mercado de trabajo: no se generan fuentes de trabajo porque contratar es muy caro.

Lo que se observa en los datos que se presentan a continuación es que frente a la profunda retracción económica, y más allá del costo de contratación, la demanda de trabajadores no se dinamiza.

Resulta relevante entonces revisar las potencialidades y limitaciones que esta medida conlleva en términos de generación de empleo, realizando un análisis sobre la base de datos del Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, desde 2011 en adelante y relacionando su evolución con la creación de empleo neto en el sector privado argentino.

Los datos. Es posible constatar que entre 2011 y 2015, la variación del empleo privado registrado tuvo siempre guarismos positivos y un promedio de 1,73% anual acumulativo (de 5.985.949 trabajadores se pasa a 6.229.257 trabajadores). Pero lo que resulta aún más relevante es observar la cantidad de trabajadores que efectivamente se desvincularon del Programa por la obtención de empleo registrado: si se observa la tasa de desvinculación, los datos se ubican entre el 4,8% y el 5,7% de los beneficiarios por año (en 2011 se desvinculan 18.141 trabajadores de un programa con 317.497 personas, en 2012 son 14.440 de 286.455, en 2013 resultan 12.732 trabajadores de un total de 259.701, en 2014 se desvinculan 10.709 sobre 223.316 y en 2015 lo hacen 9.804 sobre 202.830 personas incluidas en el programa).

El cambio de dinámica tiene lugar en 2016: no sólo disminuye la cantidad de trabajadores registrados en 44.818 personas (la variación del empleo muestra un resultado negativo, de -0,72% interanual), sino que también se reduce la tasa de desvinculación del Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo al empleo registrado, a sólo 3,34% (3.823 casos sobre un total de 114.296 personas).

Comentarios. En función de los datos expuestos, se evidencia que sólo la creación genuina de puestos de trabajo (y particularmente en el sector privado) es el mecanismo elemental para lograr la reducción de personas cubiertas por programas sociales.

Esta definición es posible de sostener al observar la propia dinámica del Programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, que mantiene una tendencia decreciente en el período 2011-2015 coincidente con la generación de empleo genuino. En efecto, resulta difícil imaginar un significativo traspaso al empleo registrado de beneficiarios del programa en etapas de estancamiento económico y ausencia de generación de empleo, como ocurre en 2016 donde el sector privado destruyó más de 40.000 puestos.

Ante la depresión de la demanda agregada y la inexistencia de voluntad de contratación de nuevas plantillas (fundamentalmente esa resistencia es ostensible entre grandes empresas, que despidieron a cerca del 90% de los trabajadores en 2016) este tipo de iniciativas que apuntan a ‘empalmar’ la ayuda del estado con el salario pagado por las empresas, sólo terminan oficiando de transferencia monetaria o subsidio empresarial indiscriminado.

 

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