Para crecer, hay que dejar de pensar financieramente

Los indicadores económicos parecieran mostrar que técnicamente la recesión está llegando al final. Pero hay motivos para pensar que la realidad no está completamente reflejada en esos números. Falta dinero en las familias para consumir, sobra producción, sobran trabajadores. Y cuando se extienden socialmente los datos, aparecen otros indicadores mostrando que la cantidad de gente beneficiada por los pocos sectores que crecen es inferior a los perjudicados por los muchos que continúan cayendo.

Las causas de la menor actividad son visibles. El gobierno heredó una inflación galopante. Quiso contenerla y salir del cepo simultáneamente con una política monetaria restrictiva, sacando pesos de la economía ofreciendo Lebacs a tasas muy atractivas. Las consecuencias no fueron buenas. Desde diciembre 2015, el stock de Lebac creció 192,5%. Fue dinero que se retiró de la calle. Cierto que al mismo tiempo subió la base monetaria, pero el incremento de las Lebac fue 3,6 veces mayor al de la base, o si se quiere un indicador más amplio de disponibilidad de dinero como el M3, en 18 meses esa variable creció 11% menos que el stock de Lebacs ($ 519.806 millones vs $ 587.739 millones). Hubo menos dinero en la economía y eso afectó la actividad. ¿Quién compró Lebac? Ahorristas e inversores sofisticados, bancos, y empresas que con recesión y rentabilidad en baja, eligieron la renta financiera en vez de invertir en productividad o nuevos negocios.

Paralelamente, el segundo eje de política de Cambiemos fue ir sincerando tarifas, algo necesario pero realizado con poco timming que generó enojo y pérdida de poder adquisitivo en momentos donde ya había exceso de malestar por los precios. Y por motivos más burocráticos, se mantuvo la obra pública frenada casi un año. Tampoco el mundo ayudó: las exportaciones en 2016 fueron u$s 14.000 millones menores a 2014. Todo eso socavó la economía.

Hasta ahí el problema. Ahora ¿por qué la economía no termina de arrancar? Porque se intentan corregir distorsiones como la inflación o prevenir la demanda histérica del dólar, pensando la economía en términos financieros. El esquema armado por el BCRA manteniendo tasas altas para evitar que el dinero se vaya al dólar o descomprimir la inflación, desde la teoría parece correcto, pero no mide el impacto en la economía real: al secar la calle, junto a las otras políticas, el empleo, el consumo y la inversión, se resienten. Y eso no favorece ninguna expectativa de nada.

¿Qué sucedería si hoy se inyectara dinero en la economía en vez de retirarlo? Se puede inyectar bajando impuestos como los que gravan el trabajo para fomentar el empleo formal, reducir el IVA u otros tributos que impacten positivamente en el ingreso familiar. Dirán que esas medidas impulsarán los precios o que es una locura cuando hay que reducir el déficit. Pero hay al menos tres lecturas para pensar que podría ser una solución rápida para salir de la coyuntura actual y comenzar a poner la energía en corregir los problemas de fondo, que son los que nos llevan a estas situaciones. Algo que el kirchnerismo tampoco hizo ni en su mejor momento.

La primera lectura es que difícilmente una mayor demanda de bienes y servicios impacten en precios cuando hay excedente de producción (stock en comercios, e industrias y el sector servicios con alta capacidad ociosa). La segunda es que quizás no sea éste el momento para corregir el déficit fiscal. O quizás la forma de corregirlo debiera ser haciendo sintonía extremadamente fina, evaluando qué sobra y qué falta en el Estado, buscando no resentir los ingresos familiares. Como en el kirchnerismo, tampoco en Cambiemos se está notando austeridad política. La misma candidata a Diputada de Cambiemos, Elisa Carrió, criticó la creación reciente de la Dirección Nacional de Bicicletas, y como eso, hay cantidades de nuevos cargos y reparticiones creados en el Estado en este año y medio, que abultan el gasto.

La tercera lectura, es que si se inyecta dinero, haciendo repuntar el consumo y la inversión, y el Estado se mantuviera sin aumentar sus gastos más que por efecto inflacionario, deberían aumentar la recaudación y mejorar las cuentas fiscales. Pero aún si esta relación no fuera tan rápida de lograr, como tampoco lo están siendo las relaciones planteadas por el BCRA para bajar los precios, parece más razonable que si hay distorsiones tan graves en la economía como las actuales, los beneficiados sean los que trabajan e invierten en el país, y no los que especulan en los mercados financieros.

Porque si hay algo claro, es que mucha gente especializada está haciendo grandes negocios financieros, mientras que el ciudadano común mira y se empobrece. Y si la argentina no estuvo creciendo en este tiempo, el aumento rentista-especulativo en la riqueza de unos debió ser a costa de la pérdida para otros.

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