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Obama, Meijide, Perrotta y el compromiso de valorar la democracia perdida hace 40 años

Imagen de FERNANDO GONZALEZ

FERNANDO GONZALEZ

Director Periodístico

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Mirar para adelante es mirar para adelante. Mirar para adelante no es olvidar ni resignarse sin reclamar lo que nos fue quitado. Pero mirar para adelante es reconocer los errores y crecer a partir de la experiencia que sólo otorgan las pérdidas y las crisis existenciales. Hoy, mientras la Argentina conmemora los 40 años del último golpe militar que hubo en el país y mientras el primer presidente negro de los Estados Unidos recorre las calles de Buenos Aires, El Cronista decidió hacerle un homenaje a quienes nos ayudaron a valorar mucho más esta democracia imperfecta. Por eso, nos propusimos hacer una cobertura periodística de la visita de Barack Obama que dejara atrás los prejuicios. Por eso, le dedicamos el Suplemento 3Días al aniversario del comienzo del terrorismo de Estado y, por eso, diseñamos una publicidad institucional que rescatara las voces desaparecidas de nuestro diario.

En una entrevista para leer y guardar mucho tiempo, Graciela Fernández Meijide nos dice que "tuvimos que pasar por una tragedia para volver a apreciar la democracia". Lo dice una mujer de 84 años que recorrió los pasillos del poder buscando a su hijo Pablo, secuestrado y desaparecido a los 17 años en octubre de 1976. Lo dice desde el dolor y desde la grandeza de quien jamás dejó de luchar y terminó convirtiéndose en una de las referencias morales del país adolescente. En una columna imprescindible, Rafael Perrotta plantea que sin abandonar el concepto de los derechos humanos, "ha llegado la hora de mirar hacia adelante y dedicarnos a eliminar la corrupción y la pobreza por encima de cualquier otra cuenta pendiente". Lo dice un hombre cuyo padre, también llamado Rafael y quien dirigió El Cronista entre 1950 y 1976, fue secuestrado y desaparecido un año después. Un hombre que sufrió, que extraña esa ausencia y aún así mira hacia adelante.

En la página 9, El Cronista recuerda en una publicidad a los 11 periodistas desaparecidos que trabajaron en el diario. Buscamos párrafos de sus notas en el archivo y construímos una crónica viva que habla de libertad, de esperanzas y de la desesperación de aquellos días. Una versión televisiva de esta misma campaña recorrerá los canales de TV. Si uno de nuestros pilares editoriales es incluir a todas las voces en un mismo diario, esta vez, la idea fue rescatar aquellas voces de los que ya no están. Ese pequeño y demorado homenaje no les devolverá la vida pero nos ayudará a renovar el compromiso con la libertad de expresión y a defender con más valentía la democracia perdida hace cuatro décadas.