Nuestra devaluación no mueve los costos de los agricultores de EE.UU.

Tras el mensaje del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de restablecer los aranceles al acero y al aluminio de Argentina y Brasil se encendieron las alarmas de ambos países.

Todos los medios de comunicación se hicieron eco de esta noticia e inmediatamente llegó la reacción de Brasil y la acción de nuestro Ministerio de Producción junto a Cancillería, quienes formularon un plan de emergencia para paliar la situación.

Son épocas en las que no tenemos respiro. Cuando creíamos que los mensajes entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el presidente electo de la Argentina, Alberto Fernández, empezaban a tener más coherencia, el presidente norteamericano nos sorprendió con este anuncio.

Se trata de una medida dudosa en cuando a beneficios para los EE.UU., pensando en que la Argentina ocupa el puesto 26° en el ránking de proveedores de acero, y que el país no se caracteriza por ser muy competitivo en cuanto a los precios y los costos logísticos de este segmento.

Francamente, no creo que la devaluación del peso en la Argentina o la del real en Brasil le puedan mover la aguja de los costos a los agricultores en los Estados Unidos. Quizás la devaluación se trate de un pretexto.

Quizás existan otras razones que lo impulsaron a hacer este repentino anuncio: ¿mensajes dirigidos a otro u otros países? ¿Seguir demostrando su política de proteccionismo? ¿O un mensaje dirigido a sus electores? Tengamos en cuenta que Estados Unidos se encuentra a once meses de sus elecciones y que el sector agrícola es importante para él.

Hay que darle nuevamente impulso a las relaciones con Brasil y trabajar por el fortalecimiento de la región. Esto es una buena oportunidad para limar asperezas y continuar con nuestro vínculo comercial. El Mercosur se debe fortalecer, no podemos permitirnos poner en duda su continuidad.

MENOS IDEOLOGÍA, MÁS MARCA PAÍS

Quizás este sobresalto nos ayude a pensar en la importancia de nuestras relaciones comerciales, de nuestros intereses más allá de la ideología.

Los inversores del mundo están atentos a los posibles cambios en materia de política exterior tras el próximo recambio presidencial en la Argentina. Nuestro país no puede realizar cambios grotescos en materia de comercio internacional, o poner en duda la continuidad del Mercosur, o tomar medidas que dañen a la confianza de los inversores y exportadores.

Es necesario fortificar la confianza, trabajar en políticas de estímulo y ayudar a las exportaciones, para generar divisas. Facilitar el ingreso de insumos y bienes de capital es importante para incorporar tecnología que luego será exportada a través de nuestros productos. Seguir apoyando la agroindustria, que es de calidad, y nos destaca en el mundo. Trabajar con la Marca País, pero desde lo intangible: la confianza, la credibilidad, la estabilidad y la continuidad. La incertidumbre y el miedo no le hacen bien a nuestro país y a su economía.

Para ser competitivos en el mundo tenemos que cuidar nuestra marca país.

Este es un trabajo de todos, que empieza por el Estado y sigue por las empresas que apuestan al país, invierten y crecen. Ese es nuestro gran desafío.

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