No hay que inventar la pólvora para atraer a un gran inversor externo

El presidente Alberto Fernández tuvo la oportunidad de percibir, durante su charla con el director ejecutivo de Netflix, qué tan cerca está su gobierno de obtener inversión (en este caso extranjera) que pueda mover la aguja en términos de empleo. Reed Hastings, cofundador de la empresa que cambió la forma de ver contenidos televisivos, relató ante los funcionarios que lo recibieron en la Casa Rosada que tienen planes para instalar una productora en el país -como ya tiene en Brasil y México- lo que permitiría movilizar de manera permanente un flujo considerable de fondos para producir películas y series destinadas a la plataforma digital.

Netflix está interesada, en primer lugar, en aprovechar el reconocido nivel técnico que tienen los integrantes de la industria cinematográfica local. Buenos Aires puede transformarse en un hub desde el cual generar contenidos para el mundo hispanoparlante, con un nivel de calidad y costos altamente competitivos. También sabe que tiene un potencial de crecimiento considerable en la Argentina, donde ya tiene 4,5 millones de suscriptores, que a partir de este año tienen que pagar IVA y el 8% por el impuesto PAÍS. Por esa razón uno de los temas que los ejecutivos de la compañía están interesados en discutir es el encuadramiento impositivo, ya que las tasas que tiene el país neutralizan la ventaja que puede generar un tipo de cambio favorable para quien cuenta con divisas.

Al gobierno argentino le pareció razonable estudiar la presión fiscal que enfrenta una empresa que puede movilizar una inversión grande. Es probable que Netflix pueda quedar dentro del régimen de la ley de Economía del Conocimiento (cuya modificación está en manos de Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, presente en la reunión). También podría evaluar el cobro de su servicio en pesos si abre una sede local, lo que le permitiría esquivar el gravamen a los consumos en dólares y mejorar el flujo de ingresos.

Lo que confirma esta situación, una vez más, es la relación inversamente proporcional que hay entre presión tributaria e inversión. La encuesta de KPMG difundida por El Cronista expone que hay menos recursos derivados a la actividad económica cuando el Estado decide absorber más ingresos (a veces porque no tiene más remedio) del sector privado. Hay muchas compañías que podrían sumar un motor más al crecimiento del PBI, si el gobierno habilitara las condiciones.

El sector servicios es dinámico y tiene potencial para expandirse, mucho más que la industria. También el minero o el energético. Lo que esperan son reglas claras y razonables, que si pueden estar disponibles para un inversor extranjero, con más razón deberían estarlo para los empresarios argentinos. Porque lo mismo que requiere un inversor para entrar, es lo que hace que otros estén pensando en salir (o dejar sus ahorros afuera).

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