No caer en la tentación de echarle la culpa a Turquía

Es cierto que entre Argentina y Turquía existen algunos paralelismo. Principalmente, los dos países tienen por delante un horizonte complicado para hacer frente a sus compromisos externos y, al mismo tiempo, conseguir crédito para cubrir las necesidades financieras de los próximos meses.

El gobierno de Mauricio Macri puede caer en la tentación de cobijarse debajo de la severa crisis que enfrenta la economía turca, para transferir a factores ajenos la responsabilidad de la corrida que ya no es solo contra el peso, sino que ahora abarca a todos los activos financieros argentinos.

Es cierto que existen algunos paralelos entre ambas economías. La constante devaluación de la lira turca, pese a la escarpada suba de las tasas de interés, una elevada inflación que no cede y la vulnerabilidad de las cuentas externas, son terreno común para Recep Erdogan y Macri.

También es cierto que a los inversores y prestamistas, les cuesta distinguir las diferencias. O quizás, no se molesten en hilar tan fino. Ante la percepción de una crisis en los países emergentes, como Argentina y Turquía, la decisión es poner a resguardo los activos y reducir la exposición. Todo va a la misma bolsa.

El riesgo país de Argentina trepó 11% el viernes, y quedó por encima de los 700 puntos básicos, medido por el EMBI+. El de Turquía, subió 16% a 542 bps. Los CDS, los seguros contra default, sugieren que la percepción de riesgo de incumplimiento es igualmente alta en ambos casos.

Los dos países tienen por delante un horizonte complicado para hacer frente a sus compromisos externos y, al mismo tiempo, conseguir crédito para cubrir las necesidades financieras de los próximos meses.

Los dos países tienen por delante un horizonte complicado para hacer frente a sus compromisos externos 

Lo advirtió el FMI cuando hizo en marzo la última revisión del artículo IV en Ankara, diagnosticando la urgente necesidad de tomar medidas para corregir los desequilibrios, como el déficit de cuenta corriente de 5% del PBI, restringir la oferta monetaria y bajar la inflación de 15,9% anual, que es la mitad del índice argentino.

Desde abril Turquía está afuera de los mercados de crédito globales. El viernes se esperaba que anunciara un nuevo plan económico y aunque se descontaba una consulta con el FMI, poco creen que Erdogan acepte las condicionalidades para acceder a un stand by como el que el organismo otorgó a la Argentina en junio, mes en que el presidente turco ganó las elecciones.

Ambos países son miembros del Fondo Monetario Internacional y del G20. Pero las cifras macroeconómicas y las vulnerabilidades son tan distintas, como las realidades geopolíticas de Ankara y Buenos Aires.

La comparación de datosmacro.com del diario económico Expansión, muestra que las relaciones deuda/PBI y deuda per cápita de Argentina duplican a las de Turquía. La relación del déficit primario es de 3 a 1. La proporción del gasto público en la economía es 25% más alto en Argentina y la inflación es el doble.

Turquía aparece como un país mejor que Argentina en innovación (puesto 43 vs 78 de Argentina) y también está por encima en las condiciones para hacer negocios (puesto 60 vs 117, según el Doing Business de 2018).

La mayor vulnerabilidad relativa de Turquía pasa por el sector externo. Argentina tiene un déficit comercial de 1,4% del PBI, mientras que el de Erdogan llega a 8,9%. El desequilibrio en 2017 fue de u$s 78.600 millones, casi el total de las reservas internacionales del país, mientras que el de Argentina se ubicó en u$s 8.700 millones.

Aún así, ambos igualmente tienen por delante un escenario complejo. De poco servirá atribuir culpas, ni a Erdogan, ni a Trump y sus guerras comerciales o a la suba de las tasas de interés. Esos son datos de la realidad. Para recobrar la confianza de los mercados, la clave pasa por demostrar un horizonte de solvencia, económica y política.

Buenos Aires será sede de la cumbre del G20 en noviembre. Puede ser una ventaja para ganar unos meses de gracia y lograr cierta indulgencia del FMI si hubiera desvíos respecto de las metas acordadas. Siete técnicos llegan esta semana para la primera evaluación, de cuyo resultado dependerá el desembolso de u$s 3.000 millones el mes que viene.

Un dato a tener en cuenta y que, en este sentido, conviene tener presente: los bonos cortos de Argentina rinden debajo de 5,5% anual. Los títulos que vencen a partir de 2020, están por encima de 8,8% y en algunos casos superan el 10%.

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