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Netanyahu, Obama y Nisman

LEOPOLDO MOREAU Pte. Fundación Espacio Progresista Mov. Nacional Alfonsinista

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La decisión del Consejo de Seguridad de la ONU de condenar los asentamientos israelitas en territorio palestino puso una vez más al desnudo el choque de intereses entre el gobierno derechista de Benjamin Netanyahu y la administración de Barack Obama.

No es la primera vez que esa confrontación impacta sobre el tablero internacional. Ya había ocurrido hace más de dos años atrás cuando el gobierno de Estados Unidos decidió abrir negociaciones con Irán que desembocaron en un acuerdo en materia de política nuclear.

Este nuevo capítulo del conflicto, que tiene de un lado a la derecha israelí, al complejo militar industrial y a la derecha norteamericana y del otro al gobierno de Barack Obama, es el contexto que explica lo sucedido, hace ya casi dos años, con la denominada "denuncia de Nisman" y su trágico desenlace. Efectivamente, en el primer round de esta pelea, cuando era más o menos inminente la fecha del acuerdo de la administración norteamericana y diversos países europeos con el gobierno iraní, la administración de Netanyahu puso en marcha una serie de acciones tendientes a frustrar esa iniciativa.

Una de ellas fue la alocada denuncia de Nisman cuya presentación estaba prevista para los últimos días del mes de febrero de 2015, para que coincidiera con la visita que hizo en los primeros días de marzo a la Cámara de Representantes de Estados Unidos el premier de Israel para repudiar, nada más y nada menos que en el propio Capitolio, el acuerdo nuclear.

La idea era que la denuncia de Nisman sirviera a ese discurso como demostración de la "penetración" de Irán en América latina y del riesgo que esto presuponía para la región y, particularmente, para Estados Unidos. Además acompañaba el condimento de reactualizar el carácter de ese país como un estado terrorista rememorando el atentado a la AMIA que casi con seguridad tuvo como inspiradores a funcionarios de ese país.

El plan se frustró básicamente por dos razones: en primer lugar porque alguien lo llamó a Nisman, haya sido cierto o no, para advertirle que lo iban a apartar de su fiscalía, una fuerte inagotable de poder y recursos para él.
Esa fue la razón de su retorno precipitado y de la presentación, en plena feria judicial, de su inverosímil denuncia.

La otra razón del fracaso de esta operación fue que las agencias norteamericanas, al compás de la nueva orientación de su política exterior respecto a Irán, no sólo no avalaron la presentación de Nisman sino que, por el contrario, la ridiculizaron y la desmintieron. El ejemplo más claro fueron las declaraciones de Ronald Noble, el ex titular de Interpol, quien calificó al fiscal de mentiroso al rechazar la versión de que el gobierno argentino había propiciado el levantamiento de las alertas rojas contra los imputados por el atentado a la AMIA.

Este poderoso juego de intereses internacionales y las presiones locales originadas, particularmente, en la oposición de aquel entonces y desde sectores mediáticos, fue lo que hizo entrar en crisis al propio Nisman, llevándolo al suicidio.
Que algunos jueces y fiscales en alianza con servicios de inteligencia locales y extranjeros insistan antijurídicamente en investigar la decisión política y parlamentaria de sancionar el memorandum de Irán o de fantasear con el homicidio de Nisman, no sólo habla de la pobreza intelectual de algunos representantes del poder judicial sino también de su subordinación a los poderes mediáticos y de su permeabilidad a las exigencias de los poderes fácticos que están llevando al mundo a una tragedia.