Nadie quiere ni puede hacer “más o menos lo mismo que Kicillof

Qué querés que diga Kicillof? O se calla la boca o tiene que decir que está todo bien. No va a decir que va a venir alguien a corregir todo lo que está haciendo mal. Los economistas de Daniel Scioli se manejan por estos tiempos con cautela, sólo aceptan hablar off the record a la espera de instrucciones. Pero cuando Kicillof declaró, ante 400 empresarios convocados por Eduardo Eurnekián, que el próximo Gobierno será del mismo signo político y que hará más o menos lo mismo que él, Scioli se preocupó por enviar un par de señales públicas de que ese no es el plan.


Al día siguiente, su ministro de Asuntos Agrarios, Alejandro Topo Rodríguez, salió a aclarar que si llegaran a la Casa Rosada eliminarían las retenciones a las economías regionales, en crisis por el atraso cambiario, y las reducirían para trigo y maíz. La segunda señal fue la foto donde se lo ve a Scioli en una reunión de trabajo con Mario Blejer. Todas las semanas, el gobernador se reúne en las oficinas del Banco Provincia a intercambiar opiniones con el ex funcionario del FMI y uno de los economistas argentinos con mejores contactos en los foros internacionales. Pero esta vez se preocupó por difundirlo a la prensa. Tras la foto, Blejer partió a Albania, donde asesora al Banco Central, un país que crece al 4% anual, sin inflación, pero fue golpeado por la crisis de los bancos griegos.


Blejer cree que la crisis griega no solo no afectará a Argentina sino que incluso la beneficia. La idea es que generaliza el problema de la deuda, así no somos los únicos parias, y reinvindica la posición argentina de que hay un problema en el sistema internacional: cuando una crisis de deuda soberana no hay un ámbito institucional donde resolverlo.


Pero más alla de ese argumento un tanto optimista, Scioli también escuchó lo que sus asesores le advierten hace rato: la oportunidad de acceder a financiamiento externo abundante y barato no será eterna sino que el reloj empieza a jugar en contra. Depende de cuándo se inicie un nuevo ciclo de subas de la tasa de interés de la Reserva Federal, que en los últimos 5 años se mantuvo en los mínimos históricos para ayudar a salir a la economía norteamericana de la recesión post Lehman Brothers. El ex titular del Banco Central de Duhalde cree que ese aumento de tasas comenzará el año próximo, aunque otros estiman que será antes.


De ahí que el próximo Gobierno no tendrá demasiadas alternativas. Si continuara el plan Kicillof, una nueva devaluación sin plan -como la del año pasado-sería el desenlace inevitable ante el nuevo escenario internacional. Si resolviera el escollo de los holdouts y lograra abrir una ventanilla de financiamiento a tasas más baratas ganaría tiempo para encarar los problemas de fondo sin el tan temido ajuste: inflación, atraso cambiario, cepo, restricciones a las importaciones, déficit fiscal récord financiado con emisión de pesitos devaluados, etc, etc.

Hasta entonces, Kicillof seguirá con el plan electoral de anclar el dólar oficial y mantener controlado el paralelo para llegar a diciembre con estabilidad financiera. Pero para eso necesitará también buscar dólares, ampliando el swap con China -ya hay 5000 millones de dólares chinos en las reservas- y volviendo a emitir deuda cara en los mercados una vez que aclare el panorama tras la tormenta en Grecia.


El propio Kicillof liquidó, con el atraso cambiario que permite el cepo, la alternativa de vivir con lo nuestro, que sólo se mantiene en el relato K. Este año el superávit comercial -los dólares que genera el modelo productivo- llegaría sólo a u$s 1500 millones, una mínima fracción de los dólares necesarios para conservar la estabilidad cambiaria: entre la venta de dólar ahorro y dólar tarjeta para los turistas argentinos en el exterior sumarán unos u$s 11.000 millones.


De hecho, el Central abre cada vez más el grifo del dólar ahorro para contener el paralelo. En los primeros 5 días hábiles del mes ya vendió u$s 300 millones, siendo que en todo junio del año pasado había entregado u$s 162 millones. A este ritmo, julio superará el récord de ventas de junio, de u$s 512 millones en el mes. Para sostener el modelo dólar tranqui hasta diciembre Kicillof seguirá privilegiando a un sector de la clase media con dólares baratos, aunque para eso necesite seguir tomando dólares caros; es decir, endeudándose a tasas de interés que duplican a las de Bolivia y triplican las de Chile o Uruguay.


A otro economista que hay que prestar atención es a Eduardo Levy Yeyati, profesor en Havard que hizo su paso por la banca internacional y por el Banco Central. Se acercó a Scioli, a través de Blejer -de quien fue su economista jefe en el Banco Central- pero también es consultado por los equipos de Mauricio Macri. Como presidente del Cippec tiene buena relación con el candidato del PRO. Acaba de publicar su último libro, El Porvenir: caminos al desarrollo argentin. Para Levy Yeyati es necesario llegar a un acuerdo -con quita- con los fondos buitres y negociar con los holdouts para recuperar el financiamiento y el ingreso de capitales. Piensa que ese financiamiento permitiría comprar tiempo y eludir ajustes inconvenientes para cualquier gobierno a poco de asumir. No sirve una devaluación como la del año pasado, porque enseguida se va a precios. Si se consigue financiamiento se puede ajustar el dólar recién en 2017, una vez encarado el tema de la inflación, para no afectar tanto las expectativas, argumenta. Música para los oídos de los candidatos. En su visión, el principal peligro que enfrenta la nueva gestión es mantener el actual estancamiento: sólo crecimos 1,3% de punta a punta en los últimos tres años según las mediciones del Indec.


Hasta ahora la única definición económica de Scioli en la campaña fue la promesa de duplicar el PBI en 10 años. Para alcanzar ese objetivo, habría que crecer al 7% anual durante la próxima década. Si se hiciera más o menos lo mismo que Kicillof llevaría más o meno un siglo.

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