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Jueves 4.1.2018
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Millennials: es hora de que nos hagamos cargo del futuro

Millennials: es hora de que nos hagamos cargo del futuro

¿Qué pretendemos los jóvenes del milenio para el futuro del planeta? ¿Cuál sería el trabajo ideal, que nos proyecte como personas? Frente a la posibilidad de reflexionar al respecto, sabemos que nos cabe la responsabilidad de responder.

Hubo una revolución de la que fuimos testigos: la tecnológica, la digital, la de la información. Todas ellas juntas. Comparable a la revolución industrial, a la invención de la rueda o la imprenta. Modificó y modifica de forma abrumadora las estructuras sociales y las relaciones intersubjetivas. Es justo a nuestra generación, la del milenio, que nos tocó ser testigos. La vivimos y somos parte de ella. No sabemos muy bien hacia dónde nos llevará, pero intuimos que a un mundo más reconfortante, ojalá menos injusto y más creativo.

Es justamente esta generación la que proporciona un tercio de la mano de obra del mundo. Es decir, un poco nos toca hacer andar al planeta y lo hacemos desde nuestra perspectiva. No nos da muy bien eso de ‘hacer carrera‘, si no que nos encontramos en la situación de buscar nuevas alternativas constantemente. Sumado a esto la Organización Mundial del Trabajo (OIT) estima que en 2017 la desocupación mundial creció a los 201 millones de desempleados, es decir aumentó en 3,4 millones de personas en relación al año anterior.

La relación con el trabajo

 

¿Cómo se configura, entonces, nuestra relación con el trabajo? Las condiciones actuales y nuestros intereses son muy diferentes al de generaciones anteriores. El acceso a la información modifica el sentido del trabajo de maneras novedosas. Somos trabajadores, en un contexto mundial en donde el trabajo en relación de dependencia, como el de nuestros padres o abuelos, se puso en tensión y aparecieron nuevas figuras como la del monotributista, el freelancer y la autogestión. Se configura un nuevo escenario en donde habrá que aprender a moverse. Aparecen con los emprendedores una lógica un poco más autónoma de proyección laboral. Puede ser por aquí, una respuesta.

Contamos con algunas características que pueden resultar ventajosas en comparación con las generaciones predecesoras. Para arrancar, nos sobra información; mucha información. Más de la que podríamos procesar. Esto nos hace curiosos y nos invita a explorar nuevas propuestas. Dato: sólo en YouTube, se reproducen mil millones de videos por día; más de la mitad desde dispositivos móviles. Algunas fuentes estiman que tardaríamos unos 2000 años en ver todos los videos que, hasta ahora, se cargaron en la plataforma. Demasiado.

Frente a este panorama se abre un abanico de infinitas proyecciones, de infinitos deseos y también de posibilidades. Porque cada deseo es una posibilidad, un horizonte, que nos puede guiar a mejor puerto (o no), pero que motoriza la maquinaria que nos lleva por la vida. Tenemos la información que nos permite frenar, levantar la cabeza y ver nuevos deseos, nuevas proyecciones. La posibilidad de seguir nuestros deseos, no es poca cosa.

Entonces, ¿Cuál sería para nuestra generación el trabajo ideal? Sin lugar a dudas, sería algo que nos apasione, que nos lleve tras ese deseo. Nos permitirá vivir bien, ser felices con lo que hacemos y crecer en ello. Hay algo de narcisismo ahí, se nos hace inevitable. Como somos una generación que salió a recorrer el mundo, en su trabajo ideal los millennials viajamos a variados y exóticos lugares del globo. Queremos ser siempre jóvenes y aventureros.

Un lugar mejor

 

Esta generación que prefiere los horarios flexibles y el clima descontracturado es profundamente sociable, por eso prefiere el trabajo en equipo, interdisciplinario dirán los académicos, creativo y entretenido son condiciones fundamentales. Es que nos sentimos un poco solos. Por eso queremos hacer del planeta un lugar mejor. Esta generación quiere aportar algo para bien, algo que haga al mundo un lugar más humano, más justo.

Entonces, ¿Cómo saber dónde está ese horizonte, ese deseo? Descifrar aquello que nos proyecte como personas en nuestro paso por el planeta requeriría de una profunda introspección. Conocerse a uno mismo, no es para nada una tarea fácil. Mucho menos durante una revolución que nos va transformando y en un contexto más bien desfavorable a la hora del trabajo.

Seguir nuestros deseos, si contamos con la posibilidad, será un gran motorizador. Nuestra voluntad de transformar el mundo para mejor es un buen horizonte donde dirigirnos. La felicidad, no sólo la propia, puede ser la meta. Nos quedará la tarea de descubrir cómo hacerlo. Pero esa ya, es otra historia.

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