Miedo a votar: la Argentina, sin cultura democrática

Votar es el camino más transparente para resolver quiénes son los hombres y mujeres más preparados para dirigir el destino de la Argentina. Parece un lugar común de las democracias pero el país adolescente suele olvidarlo. Solo así puede entenderse el desconcierto de muchos dirigentes y el miedo de una parte importante de la opinión pública por los acuerdos recientes entre partidos políticos y potenciales candidatos.

Votar candidatos a presidente a partir de un acuerdo programático es lo que resolvió la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical en la madrugada del domingo, para poder unificar fuerzas con el PRO de Mauricio Macri y la Coalición Cívica de Elisa Carrió en la elección primaria abierta del 9 de agosto próximo. El senador mendocino Ernesto Sanz probó que el liderazgo es una cualidad que se puede traer en el ADN o se puede aprender a través del tiempo y de los fracasos. Tomó una bandera conflictiva para la UCR (la de aliarse a Macri y eventualmente perder la interna con el PRO) y juntó de a uno los votos para inclinar la balanza partidaria y vencer a Julio Cobos, el otro radical mendocino que proponía mantener la alianza con el socialismo que hasta ahora no les había permitido acercarse electoralmente a la Casa Rosada.
Es curioso, pero también generan polémica las primarias que van a disputar Gabriela Michetti, Horacio Rodríguez Larreta y Cristián Ritondo por el PRO en la ciudad de Buenos Aires. Y las primarias que verán enfrentados a varios dirigentes del Frente Renovador de Sergio Massa para disputar la gobernación de la decisiva provincia de Buenos Aires. No hay que asustarse ni ponerse nerviosos. La sociedad decidirá quienes son los mejores candidatos y el destino de las alianzas coyunturales. La elección primaria es abierta y todos podemos votar libremente a quien querramos.

Es notable lo que nos cuesta asumir la cultura democrática. Las preguntas a responder en esta elección son muchas. ¿Es conveniente cambiar de modelo político y económico tras 12 años de kirchnerismo? ¿Es Daniel Scioli el mejor candidato para extender el proyecto iniciado por Néstor y Cristina Kirchner? ¿O es preferible alguien más cercano a la Presidenta, como Florencio Randazzo o Sergio Urribarri? ¿Es Sergio Massa el dirigente que puede promover los cambios necesarios para el país sin tirar por la borda algunos avances del kirchnerismo? ¿O conviene ir hacia modificaciones más contundentes como las que proponen Macri, Sanz o Carrió? ¿Líderes verticalistas y un presidente fuerte, o consensos republicanos y acuerdos parlamentarios?
No es tan difícil ni debería ser tan dramático. La Argentina debe elegir en los próximos ocho meses a su presidente; a todos sus gobernadores y a cientos de legisladores nacionales y provinciales. Votar es fácil y ayuda a aclarar los dilemas. Lo verdaderamente difícil es superar la recesión que complica a los argentinos; reducir la inflación; devolverle la vitalidad al empleo y combatir exitosamente la pobreza. Lo complicado es evitar que sigan muriendo ciudadanos por la tremenda inseguridad y que la corrupción de muchos funcionarios ya ni siquiera sorprenda a la sociedad anestesiada. Estas son las cuestiones que merecen nuestra preocupación y no el mecanismo imprescindible de votar para encontrar a los candidatos adecuados.

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