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Mendigando dólares en un laberinto cambiario

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Esteban Domecq Director Invecq Consulting

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Mendigando dólares en un laberinto cambiario

Si nuestros gobernantes son la cara visible de nuestro país en el exterior, entonces sus acciones son el reflejo de nuestras necesidades. Es lamentable que en un mundo plagado de liquidez, con tasas de interés internacional todavía en cero y abundancia generalizada de dólares, al gobierno no le haya quedado otra que salir a mendigar en busca de dólares.

Axel Kicillof y Julio De Vido estuvieron en China; Juan Carlos Fábrega en Basilea, Suiza; Pablo Lopez (secretario de finanzas) y Cecilia Nahón (Embajadora en EE.UU.) en Nueva York, EE.UU. Toda la política económica se redujo a una feroz cruzada en busca de financiamiento, inversiones y dólares en el exterior, para frenar la caída en las Reservas Internacionales producto de los importantes desequilibrios macroeconómicos.

Pero a diferencia de cualquier mendigo, que la clave del éxito está en su discurso, el éxito de estas ‘misiones’ está en los hechos y no en las palabras. Probablemente las reuniones sean, muy protocolares, formales e incluso hasta optimistas en cuanto a los posibles resultados. Pero ¿en serio piensan que el mundo moderno, que se mueve libremente por incentivos económicos, se dejaría llevar por las palabras de algunos funcionarios de turno? ¿Acaso pueden suponer que en la era de la comunicación, donde todo el mundo respira información, los grandes capitales desconocen la realidad económica y política argentina?

Desde hace muchos años, y a pesar de ‘décadas ganadas o perdidas’, Argentina es considerado en el globo económico como ‘País de Frontera’ junto a un grupo selecto de países como Kazajstán, Ucrania, Kenia, y Jordania, entre otros. No solo estamos muy lejos de entrar en el grupo de los desarrollados (donde está Australia) sino que ni siquiera somos considerados país emergente.

Ahora bien, más allá de esta clasificación, que ya de por si es una gran limitante para conseguir dólares, es indispensable corregir nuestro tipo de cambio. Lo primero que observa cualquier inversor o prestamista a la hora de desembolsar fondos en un país es su tipo de cambio, presente y futuro, para poder determinar su retorno económico, teniendo en cuenta la devaluación esperada.

En esta materia Argentina cuenta con un fenomenal desequilibrio cambiario. Algo tan simple como debería ser tener una sola tasa de cambio, que determina un único precio y brinda una señal clara para la toma de decisiones de los agentes económicos, se volvió una pesadilla.

Dólar oficial ($ 8,45), cepo y brecha cambiaria (70%), dólar libre/blue ($ 14,30), dólar menos retenciones para agroexportadores ($ 5,46), dólar ahorro abierto solo para algunos y con percepciones impositivas ($ 10,08), dólar turismo ($ 11,34), dólar bolsa por un lado ($ 12,82), Contado con Liqui por el otro ($ 12,59), tipo de cambio de cobertura ($13,50) y por si fuera poco, expectativas de devaluación completamente desalineadas. ¿Cómo esperar dólares frescos en el país si no solo no se puede valorizar una inversión a futuro, sino que ni siquiera se sabe cuál es el verdadero valor del dólar hoy? ¿Cuál es el dólar de equilibrio en Argentina?

Está claro que el dólar oficial está atrasado y empeora su situación cada vez que la inflación supera a la devaluación. También se sabe que el mercado del dólar blue es poco representativo, volátil y sensible a las novedades políticas y económicas y que muchas veces exagera. También podemos suponer que como los desequilibrios fiscales no serán solucionados y la emisión estará al servicio del Poder Ejecutivo, la inflación hacia el final del mandato de Cristina está garantizada y la devaluación seguirá siendo no una opción sino una necesidad.

En este contexto, salir a mendigar para atraer dólares no es el camino correcto. Los capitales se mueven libremente por incentivos y solo necesitan una cosa: señales claras e información precisa. En este sentido, la señal más relevante es el precio del Dólar. Para solucionar esto hay una sola sali da: corregir, ajustar y unificar los tipos de cambios en un dólar de convergencia y de equilibrio. Logrando esto no se necesitan de grandes giras ni discursos persuasivos, los dólares llegarían solos.