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Memoria: política y dinero en otro convento bonaerense

Memoria: política y dinero en otro convento bonaerense

No es la primera vez que un convento aparece ligado a situaciones infrecuentes ligadas a la política y el poder.

En la oscura noche del sábado 29 de noviembre del año 2003, un grupo de encapuchados entró a robar al monasterio benedictino de Los Toldos. Bien vestidos, seguros de sí mismos, muy educados, los delincuentes redujeron a los 14 monjes que allí estaban y a sus huéspedes: cinco hombres y dos mujeres, entre los que estaban un juez federal, un auditor general de la Nación, algunos abogados y otras personas.

¿Qué hacían reunidos en ese monasterio un fin de semana, en medio del campo, a 27 kilómetros de la comisaría más cercana, la de General Viamonte? Un retiro espiritual, según declararon después.
Los seis ladrones habían llegado sigilosamente, en autos con las luces apagadas, después de las 10 de la noche. Irrumpieron en la sala blandiendo armas largas, y empezaron a exigir dinero. Cuando les dieron lo que tenían encima, los delincuentes exigieron más: creían -o alguien les había pasado un dato falso-que en ese encuentro de funcionarios, un juez y otros abogados, encontrarían mucha plata. Que estarían contándola. O repartiéndola.

Tres horas duró la tensa situación. Después, ante la inminencia de una tormenta bíblica que esa noche inundó los campos, y por temor a quedar empantanados en el barro, los asaltantes tomaron lo que había (también relojes, joyas y al menos una computadora) y se dieron a la fuga. Se llevaron el Renault Laguna del auditor Javier Fernández, quien denunció el robo en una comisaría para poder cobrar el seguro. La lluvia borró las huellas, por lo que no se pudo saber hacia dónde se fueron.

La subcomisaria Sandra Silva, de la seccional de General Viamonte, confirmó todo y explicó al diario Hoy de La Plata que "un hecho así no es común en la zona, y la verdad es que llama la atención. Los Toldos es un pueblo tranquilo, de unos 17 mil habitantes, donde en general sólo hay robos menores". En los campos están acostumbrados a rateros menores, riñas, y robo de ganado, pero no a operativos comando en un monasterio. A los investigadores les llamó la atención que los delincuentes "actuaron con corrección, sin gritar y sin lastimar a nadie, como si estuvieran seguros de cada paso que daban".

La investigación judicial por el caso quedó a cargo del fiscal de Junín, Carlos Colimedaglia. El caso fue calificado como "robo calificado y privación ilegal de la libertad". Una de las hipótesis es que la banda planeó el golpe porque sospechaba que podía alzarse con un botín mayor.

Sin embargo, ni los protagonistas ni lo medios de comunicación volvieron a hablar del tema, que quedó olvidado en el fondo de algún archivo.

Este episodio del monasterio sucedió en días de agitación política y judicial: Néstor Kirchner tenía en la mira a la ‘mayoría automática’ de la Corte Suprema heredada de Carlos Menem. Cuatro días después, el 3 de diciembre, el Senado destituyó al juez Eduardo Moliné O’Connor. Y dos meses antes había renunciado para evitar su juicio político otro juez menemista, Adolfo Vázquez, de quien el auditor Fernández, víctima del robo, había sido prosecretario letrado en la Corte. La misma función había cumplido con Rodolfo Barra.

Javier Fernández fue señalado muchas veces como operador judicial en las sombras del menemismo primero y del kirchnerismo después. Siempre lo desmintió, definiéndose como ‘un militante peronista’ con excelentes vínculos en fueros clave del Poder Judicial. También odia que lo vinculen con la Secretaría de Inteligencia (SI), ex SIDE, como publicó el diario La Nación en un perfil del personaje.

Según ese diario, "dos fuentes consultadas, que piden no ser identificadas, aseguran que Fernández tuvo una intervención clave en el Senado para que el juez Norberto Oyarbide zafara del juicio político en 2001, el día que se desplomaron las Torres Gemelas. Explican así el inusual avance de la causa de las escuchas ilegales" contra Mauricio Macri en 2010.

Entre aquel caso del monasterio de Los Toldos y éste del Monasterio de las Monjas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora de Fátima, en general Rodríguez -donde detuvieron a José López cargado de valijas con millones de dólares-, hay una coincidencia: Fernández admite ser ‘muy amigo’ de Julio De Vido, de quien López era mano derecha. De hecho, el ex presidente de la Auditoría, Leandro Despouy, lo acusaba de obstaculizar todas las investigaciones que involucraban a De Vido y al Gobierno.

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