Maldito cospel: el delirio diario de estacionar en suelo porteño

En épocas de inteligencia artificial, big data y nanotecnología hay un pequeño artículo material que perdió la mayoría de sus usos en la Ciudad de Buenos Aires, pero se resiste a desaparecer. Hablo del cospel, esa pequeña ficha metálica calada que se usó para hablar en teléfonos públicos en los 80' o para hacer un viaje en subterráneo hasta en los 90' pero que se volvió obsoleta en el nuevo siglo excepto por un uso para el que todavía es esencial e imprescindible. El cospel es un motivo de estrés para muchos automovilistas que ingresan diariamente a suelo porteño (1,6 millones) e intentan estacionar sus vehículos en la vía pública. Pero sobre todo es un símbolo del gran problema de estacionamiento que se registra en la Capital Federal y cuya modernización se encuentra estancada por enredos judiciales-públicos-privados.

Hace un año y medio, el gobierno porteño anunciaba un nuevo sistema de 'estacionamiento ordenado', en línea con las principales ciudades del primer mundo. Los parquímetros o tickeadoras actuales serían reemplazados por 2000 terminales multipropósito, multiespacio y autónomas. Desde el celular no sólo se podría pagar (con tarjeta de crédito, débito o Sube) y renovar el tiempo de estacionamiento sino encontrar lugar con antelación. El sistema, con nuevas empresas involucradas, debería estar funcionando desde hace un año. Sin embargo, el servicio sigue estando en manos de Dakota-STO y BRD-SEC, empresas que están operando con contratos vencidos desde 2001, lo cual genera desequilibrios como el hecho de que pagan $ 55.000 de canon y realizan más de 10.000 acarreos mensuales, que se pagan $ 1800 cada uno.

El nuevo sistema avanzó hasta que fueron preadjudicadas las nuevas terminales multipropósitos a la empresa Parkeon (que por el tiempo transcurrido hasta cambió de nombre, hoy Flowbird). Para el sistema de grúas se presentaron cinco oferentes en forma de UTE y cuatro pasaron a la instancia de evaluación económica.

Pero desde entonces, idas y vueltas en la Justicia demoraron el avance del proyecto. Tras una sentencia adversa y la apelación del Gobierno de la Ciudad, el nuevo sistema de estacionamiento volvió a tomar fuerza. En rigor, según explican en la secretaría de Transporte porteña, se espera avanzar sustancialmente durante el primer trimestre del año próximo. "Habiendo pasado tanto tiempo es necesario ajustar detalles. Este proyecto es muy amplio e integral y su avance implica el contacto y reorganización de las diferentes áreas de trabajo comprometidas", dicen. Además, se debe concretar la adjudicación de las licitaciones y firmar los contratos.

Mientras tanto el escenario sigue siendo estresante y conflictivo. La hora de estacionamiento cuesta $13, es decir que un oficinista que trabaja 8 horas en el centro y tiene la mala idea de ir en auto necesita al menos 100 monedas de $ 1 para ocupar un lugar en la calle (esto cuando consiga espacio, una misión difícil de lograr dado que el costo de pagar un parquímetro es la tercera parte de una estadía en un garaje). Si tuviera las 100 monedas se presentan otras dificultades como que muchas monedas no son aceptadas por el parquímetro o que solo puede sacarse un ticket por cuatro horas, así que debe salir de su trabajo para volver a colocar monedas por otras cuatro horas. Supongamos que ese oficinista en cambio quiere usar cospeles. Sigue teniendo el límite de las cuatro horas pero solo coloca unas siete fichas (las fichas cuestan $ 15 y duran un poco más de una hora, el proporcional al costo). Aquí el problema es que hay muy pocos lugares que venden se venden cospeles, muchos no vende más de tres o cinco (aunque está prohibido) y hay zonas donde entre el parquímetro y el kiosco que vende fichas hay 6 cuadras de diferencia. El tiempo necesario para caminar hasta el kiosco genera el riesgo de que al volver al auto haya una multa o lo que es peor, una grúa lo haya llevado por estar sin ticket con el costo que implica el acarreo.

Tags relacionados