Macri todavía se pregunta cómo el equipo soñado de 2015 lo llevó a una ruta de barro

Los cambios que Mauricio Macri puso en marcha en su gobierno no son un signo de fortaleza. Por el contrario, revelan el precio que aceptó pagar el Presidente para mantener los equilibrios internos de Cambiemos después de que la crisis cambiaría lo obligara a acudir al FMI y se llevara puesto al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, el hombre que se ganó la confianza presidencial por la exitosa salida del cepo cambiario.

 

En el entorno presidencial, algunos funcionarios todavía no terminan de entender qué fue lo que los llevó al actual estado de situación. En octubre pasado habían salido más que airosos de la pelea electoral contra Cristina Kirchner y todas las ramas del árbol peronista. Y con esa fuerza renovada, sacaron un paquete de reformas estructurales que puso en juego toda su capacidad de consenso político. Los gobernadores venían a Buenos Aires sin chistar y se daba por sentada la reelección de Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

El Presidente dejó pasar entonces la oportunidad de hacer cambios en su equipo. Pese a que tuvo hipótesis drásticas en su mano, solo impulsó un recorte de segundas líneas. Nadie pensaba entonces que el financiamiento del Estado podía estar en riesgo.

Meses después, la realidad de Macri es otra, muy distinta. Su gobierno está transitando por una ruta que no estaba en su mapa. Jamás imaginó que iba a tener que sacrificar a dos leales como Juan José Aranguren y Francisco Cabrera, parte del dream team con el que soñó transformar la subnormal Argentina en la desarrollada Australia. Nicolas Dujovne y Luis Caputo, los responsables de recalcular la estrategia económica, no estaban en la primera línea de aspirantes al gabinete en diciembre de 2015. Ahora serán los que deberán ayudarlo a salir de este camino de barro, y con el GPS del los mercados y del FMI como principal ayuda, retornar al pavimento. El primer paso es que el micro arranque.

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