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Macri necesita alejarse del estrés que suele complicar a los gobernantes abrumados

Macri salió el viernes a la noche de la Clínica Olivos

Macri salió el viernes a la noche de la Clínica Olivos

No hay ninguna ocupación más estresante que ser presidente de la República Argentina. El país dramático por excelencia. Sólo hay que ver las arrugas que Mauricio Macri cosechó en cinco meses de gobierno para entender el agobio de conducir una sociedad siempre víctima de la insatisfacción y de la ansiedad. Por eso no es casual el listado de presidentes con afecciones nerviosas o cardíacas (Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner, Cristina) ni sorprende la arritmia que el viernes pasado obligó a la internación de cuatro horas y a los estudios médicos que recibió Macri.

El Presidente heredó la inflación, el déficit fiscal, un Estado quebrado, el descalabro comercial, el aislamiento internacional y la recesión. Pero la demanda, a esta altura, es resolver las dificultades y encontrar rápido las soluciones. En ese contexto, arrastra el costo de sus propias falencias. Las inconsistencias políticas del frente Cambiemos; el apoyo riesgoso de Elisa Carrió; la batalla de egos del gabinete económico; los errores técnicos en la aplicación del tarifazo y la subestimación del impacto negativo por el mal manejo de los grupos de presión como los gremios o los empresarios.

Macri necesita volver a ser el de la campaña electoral. Aquel candidato que había encontrado en los rudimentos de la filosofía new age un escape de las tensiones diarias y un salvoconducto hacia el universo de las personas normales. Eso lo diferenció de sus adversarios y lo catapultó a la Casa Rosada. Ahora es el tiempo de retomar ese camino de equilibrio que permite sortear con éxito las dificultades de la gestión y alejarse del estrés que se suele apoderar de los gobernantes abrumados.