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Macri mostró su plan de vuelo, pero necesitará más políticapara esquivar las turbulencias

El presidente Mauricio Macri trazó un camino bastante optimista para el 2017. Ubicó a la Argentina en el sendero que diseñó para su gestión, pero todavía le falta hacer coincidir sus objetivos con la voluntad del resto de la sociedad.

La cena con los legisladores de Cambiemos previa a la Asamblea Legislativa indica que hay un reconocimiento diferente al rol de sus socios políticos. Pero hasta que lleguen las elecciones y el oficialismo tenga la posibilidad de ejercer un control pleno del Congreso, lo que más necesita es que su tarea cotidiana y su discurso pavimenten una mejora de las expectativas económicas. De lo contrario, habrá que esperar más fricción social de la que palpita el Gobierno.

El Presidente aconsejó a empresarios y gremios tomar como válida la proyección de inflación que hizo el BCRA para el 2017. Es más, aseguró que el Central cumplió sus metas en algún punto del segundo semestre, alcanzando la menor inflación anualizada desde 2008.

Por lo pronto, la meta de 2017 no tiene muchos adeptos. Los analistas proyectan una cifra más cercana a 21% que al 17% oficial. El problema es que si precios y salarios están más cerca del primer número que del segundo, al Central le costará relajar un poco su política de tasas de interés, lo que a su vez complicará el ritmo de la recuperación económica. La primera estimación privada para los valores de febrero, conocida ayer, da 2,5% para la región metropolitana.

El Gobierno tiene que volver a articular un diálogo productivo con los gremios. La cara que mostraron hoy tanto Macri como María Eugenia Vidal en sus respectivos discursos de apertura de sesiones legislativas, fue de dureza. El mensaje de la gobernadora fue mucho más específico y probablemente más efectivo. Le dijo a los docentes que está de acuerdo con lo que piden, pero no con lo que la provincia puede darles. "Discutamos con los chicos en las aulas", planteó Vidal.

El desafío de Macri este año es mejorar la sintonía fina, evitar los errores no forzados y sostener un acuerdo de gobernabilidad que le permita obtener la docena de leyes básicas que reclamó ayer ante los legisladores. La vara con la que lo mide la sociedad aún es la del peronismo.

Es una vara que considera posible obtener beneficios inmediatos con herramientas gradualistas. Hasta que eso cambie, el Presidente seguirá jugando en rodeo ajeno. Necesitará confiar, más que nunca, en la pericia de sus operadores políticos.