Macri debe empoderar a su nuevo ministro para que salga a dar pelea

No fue un mes. Solo una semana. Si los inversores que tienen que decidir si mantienen su apuesta sobre la Argentina viviesen en Buenos Aires, todavía estarían en estado de shock luego de ser testigos directos de escenarios tan cambiantes. De prepararse para un resultado favorable a la reelección de Mauricio Macri, a presenciar una tormenta política y financiera que puede transformar al 2019 como otro año perdido. Todo este sube y baja terminó con la renuncia del ministro de Hacienda y la necesidad de que su sucesor encienda las luces correctas para que la economía no despiste más de lo necesario.

Nicolás Dujovne fue el arquitecto fiscal del Gobierno. Ese fue su fuerte, y desde ese rol consiguió anclar un acuerdo con el FMI que resolvió el principal problema que tenía la Argentina en abril de 2018: la crisis de financiamiento. El Fondo no solo le otorgó al país el crédito más importante de su historia, sino que aceleró el desembolsó de esa divisas, de manera tal que la Argentina no tuviese necesidad de recurrir al financiamiento privado hasta después de las elecciones presidenciales.

Para conseguir eso, Dujovne y Macri redoblaron en septiembre la apuesta sellada meses antes: se comprometieron a un esquema de déficit cero, con la convicción de que la sociedad iba a tolerar este "ajuste voluntario" solo por el hecho de que era la forma más directa de respaldar el cambio prometido por el Gobierno. Con ese torniquete, el Ejecutivo quedó atado de pies y manos: hubo que elevar la presión tributaria, suspender la inversión pública y someter a la estructura del sector público a un nivel de recorte fuertísimo.

Dujovne incluso consiguió sobrecumplir sus propias metas, esperando al menos que el mercado recompensara esa disciplina. Nada de eso sucedió. Los votantes le dijeron a Macri que ya no quieren discutir ni la medicina, ni el tamaño de la aguja. Lo que pretenden es otro tratamiento. El ministro que Macri había elegido para ordenar las cuentas entendió lo mismo y decidió que era hora de irse.

Por eso el principal desafío de Hernán Lacunza, su sucesor, es unir lo posible con lo deseable. El nuevo ministro tiene más muñeca política. Viene de un territorio áspero, como la provincia de Buenos Aires, donde intendentes y gremios siempre están listos para pelear por el peso. Desde lo fiscal, tendrá que ver cómo cierran las cuentas después del paquete lanzado para compensar el costo de la devaluación a la clase media. Pero habrá que ver qué margen de acción genera en lo monetario. Tanto él como parte de su equipo trabajó en el BCRA con Martín Redrado. Rogelio Frigerio, responsable de abrirle la puerta al PRO desde que lo fichó en Banco Ciudad, le dará la cobertura necesaria. Solo falta que hoy lo empodere Mauricio Macri.

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