Los remedios, en economía, son más impopulares que las enfermedades

Resulta difícil establacer por qué, cuando se hace una evaluación de los problemas que padece una economía, resultan más impopulares los remedios que las enfermedades. Es cierto que la cantidad de crisis que soportó la Argentina alcanza y sobra para despertar una desconfianza generalizada a los "antibióticos" que recetan los expertos. Por algo se ha vuelto repetitivo el dicho "el que se quema con leche, ve una vaca y llora". Pero el hecho de que los desequilibrios sean asociados a las recetas para corregirlos, habla de una escasa capacidad para comprender los procesos económicos, y sobre todo, de actuar como ciudadanos a través del voto, evitando que los cortocircuitos se transformen en incendios.

El corralito fue el producto de una incesante salida de depósitos que maniató al sistema financiero. La convertibilidad fue una receta antiinflacionaria que se desvió de su objetivo y terminó por ahogar a la economía que buscaba proteger. El default fue la consecuencia de un festival de endeudamiento insostenible. Y el cepo cambiario no es otra cosa que un corralito bis, generado por la fuga de reservas.

Antes de cada remedio amargo, hubo un rumbo torcido. La pregunta sin respuesta es por qué cuesta tanto apoyar una corrección antes de que las crisis estallen. Ajuste y devaluación son impopulares porque en general llegan cuando son inevitables. Hoy convivimos con el déficit fiscal o el atraso cambiario, sin medicación a la vista. Como si estuviésemos sanos. Hasta que un día los efectos del virus se vuelven intolerables y aceptamos un cambio de médico.

Tags relacionados