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Los presidentes ya no podrán llevarse regalos de más de $4000 a su casa

Macri firmó el decreto que regula los obsequios a funcionarios públicos en una nueva apuesta por la transparencia.

Los presidentes y sus funcionarios ya no podrán llevarse a su casa los regalos, superiores a $4000,  que reciban durante su gestión. El Gobierno de Mauricio Macri firmó ayer el decreto que regula los obsequios que se le hacen a los funcionarios públicos y que, entre otras cosas, establece un plazo para que se registren esos presentes y se defina su destino en caso de que superen ese monto. El proyecto reglamentario, elaborado por la Oficina Anticorrupción (OA) que conduce Laura Alonso, crea el Registro de Obsequios a Funcionarios Públicos y el Registro de Viajes Financiados por Terceros. Y el Ministerio de Modernización desarrollará dentro de los 60 días los sistemas informáticos necesarios para la organización y el funcionamiento de los registros creados. 

La noticia parece naif si se piensa en el festival del robo que se vivió en el país en los últimos doce años, revoleo de bolsos con dólares mediante y contratistas del Estado, amigos del Presidente, que resultaron dueños de media Patagonia. Uno podría preguntarse con razón en qué afecta al país que Cristina Kirchner se haya quedado con un gorro de piel que le obsequió el ex mandatario ruso Dimitri Medvedev, en medio de los procesos judiciales que afronta por corrupción, enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. Pero la decisión de Macri responde a una de sus obsesiones más profundas: la diferenciación con el kirchnerismo. Es una nueva apuesta por la transparencia, la renovación, el cambio de hábitos políticos.

Se trata además de cumplir con una deuda pendiente desde 1999, cuando se sancionó la Ley 25.188 de Ética Pública. El artículo 18 de la norma -que acaba de ser reglamentado- sostiene que los funcionarios "no pueden recibir regalos, obsequios o donaciones, sean cosas, servicios o bienes, con motivo o en ocasión del desempeño de sus funciones". Pero existe una excepción: en el caso de recibir obsequios de cortesía o de costumbre diplomática, deberán ser registrados y, cuando corresponda, incorporados al patrimonio del Estado para ser destinados a fines de salud, acción social y educación o al patrimonio histórico-cultural. 

En los últimos diecisiete años, la OA -la autoridad de aplicación- nunca elaboró ese registró porque ninguno de los presidentes que actuaron en ese período firmó el decreto de reglamentación del artículo en cuestión. Esto significa que los obsequios que recibieron Fernando de la Rúa, Néstor y Cristina Kirchner, Carlos Menem y Eduardo Duhalde desaparecieron en una suerte de agujero negro turbio e inextricable.

El caso más emblemático -o el más difícil de ocultar- fue la Ferrari roja, la famosa Testarossa que le regaló a Menem el empresario italiano Massimo Del Lago en 1991. "La Ferrari es mía, mía" había dicho el riojano. Aunque en su gestión no regía la ley de Ética Pública, no le quedó otra que venderla y donar el dinero ante el escándalo que generó su imagen junto al costoso automóvil. 
Nadie conoce tampoco a dónde fueron a parar todas las obras de arte, las joyas y presentes que recibió Cristina Kirchner.
Nunca se conoció una lista oficial sobre la cantidad de esos presentes pero es interminable. Basta con mencionar el cuadro réplica del siglo XI de la Virgen de la Ternura de la catedral de Vladimir que le obsequió el papa Francisco en el Vaticano, durante su quinto encuentro el 7 de junio de 2015. O la Macbook Air de Apple recibida en la Casa Rosada de manos del empresario multimillonario de las telecomunicaciones Carlos Slim, el 19 de mayo de 2008. 

En el caso de Macri, la secretaría General de Presidencia llevaba hasta ahora una planilla con los presentes recibidos desde su asunción y que se guardan en la residencia de Olivos. Allí se puede ver la Piedra violeta en caja de madera que le dio el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, el 7 de enero; la Medalla Olivo, Encíclica Laudatio Si y Evangelii Gaudium, obsequiada por el Papa Francisco, el 26 de febrero; y una Caja con una escultura de metal, regalado por Barack Obama, el 23 de marzo. 

"Este decreto es un paso importantísimo en materia de integridad y transparencia porque busca aumentar la confianza de la ciudadanía en sus funcionarios y a los funcionarios les otorga un marco claro de conducta ética", sostuvo Alonso. Para la secretaria de Ética Pública, Transparencia y Lucha contra la Corrupción también es una jugada personal. Desde la oposición vienen remarcando que la silla de la OA no debe ser ocupada por un dirigente oficialista porque "nadie puede controlarse a sí mismo". Alonso insiste en que la OA no es una fiscalía y remarca que con su gestión se volvió a poner la palabra transparencia en el centro de la escena.

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Comentarios1
Alfredo Federico
Alfredo Federico 21/11/2016 08:49:07

en eso se preocupa en que regalos llevan a su casa. en las cuentas en los bancos extranjeros tiene que fijarse!