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DOMINGO 16/12/2018
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Los ojos del mundo sobre el encuentro clave en Buenos Aires

Los ojos del mundo sobre el encuentro clave en Buenos Aires

El 4 de octubre, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, pronunció un encendido discurso contra China en el cual anunció que su país pasó a adoptar “un nuevo enfoque” hacia el gigante asiático —prácticamente declarando el inicio de una 'guerra fría'.

Sin embargo, detrás del duro tono con el cual se expresó, Pence dejó espacio para que ambos lleguen a un acuerdo. Pero para que esto suceda, Estados Unidos le exige a China aceptar una larga lista de demandas que, por otro lado, no son sólo comerciales, sino también militares y políticas. El vicepresidente estadounidense presentó estas exigencias prácticamente como la última oportunidad que China tendría para evitar una escalada en el conflicto que Trump declaró cuando anunció la guerra comercial contra el país asiático.

A pesar de las duras expresiones utilizadas por Pence, no son pocos los analistas que entienden sus palabras no poseen otro verdadero objetivo que servir, básicamente, como una estrategia de negociación, presionando a China a ceder frente a las demandas de Trump. El próximo desenlace de esta disputa se desarrollará en el encuentro del G20 en Buenos Aires a fin de mes cuando el mandatario estadounidense se reúna con su par chino, Xi Jinping.

Un acuerdo en Buenos Aires

Según Asian Times, existe una señal positiva de que en la capital argentina la reunión podría sellar un acuerdo entre EE. UU. y China. Informa el medio no sólo que es probable que ya se estuviese está trabajando en un acuerdo, sino que, adicionalmente, el viceprimer ministro Liu He, responsable por las negociaciones comerciales por China, podría estar viajando a Washington antes de esa fecha.

El aspecto positivo de esta información es que Liu en septiembre canceló un viaje a EE.UU. cuando se entendió que no serían exitosas las negociaciones. Por eso, Asian Times concluye que “una visita del asesor económico principal de Xi sería una señal clara de que hay confianza en que Trump está listo para considerar algún tipo de acuerdo”.

La disputa

En septiembre, la fallida reunión se enmarcó con la intensificación de la postura agresiva de Trump hacia China a través de la imposición de aranceles a productos chinos por valor de u$s 200.000 millones y la amenaza de extenderlos a cualquier producto importado de ese país en caso de que China respondiera de la misma manera.

Y así fue, efectivamente, el comportamiento chino, implementando también tasas a la entrada de bienes estadounidenses.

La paralización diplomática subsiguiente fue el inicio de un enfriamiento de las relaciones que comenzó a dar lugar a la idea de que una Guerra Fría estaría en curso entre las dos principales economías del mundo.

Un nuevo marco diplomático

El encendido discurso de Pence, de esta manera, sólo confirmaría al público general este nuevo marco diplomático. En particular, porque su contenido ya había sido expuesto en círculos empresariales y políticos y en Think-Tanks de EE. UU. No sólo eso, sino que Jacquelyn Martin de Associated Press detalló que los líderes de China ya estaban familiarizados con las acusaciones del vicepresidente.

Lo que tomó por sorpresa a los asiáticos que lo que se les había expresado, hasta ese momento, en forma privada y “en términos bastante decorosos”, fue la magnitud de las acusaciones y que, además, fueran realizadas en forma pública.

Para Martin, si bien públicamente China respondió con cierto cansancio –calificando el discurso como "muy ridículo", creando "algo de la nada", aunque advirtiendo que "nadie puede detener" el avance del pueblo chino— internamente, Pence probablemente le dejó pocas dudas de que Washington estaba emprendiendo una Guerra Fría que obligaría al país a entablar una larga batalla frente a Estados Unidos.

No bajo amenaza

No obstante, China ha dejado claro en todo momento que no va a aceptar negociar bajo amenaza. Pero también viene manteniendo un considerable silencio y evitado inflamar la tensión existente. De esta manera, la postura de Xi Jinping consiste en no dejarse presionar y procurar preservar la relación. Así, el resultado positivo del posible encuentro en Buenos Aires estaría en manos de Trump en observar si tiene sentido para Estados Unidos un largo embate con China.

Para Zachary Karabell sería “un grave error tratar a China como un adversario cuyos intereses están totalmente en desacuerdo con los de los Estados Unidos y cuyas ambiciones a largo plazo solo pueden lograrse a expensas de la prosperidad estadounidense” porque, además, se estaría entrando en “un mundo de suma cero” por forzar una relación antagónica que China muestra pocas señales de querer.

Los analistas chinos tienen pocas esperanzas que la disputa se resuelva en el corto plazo, y calculan que el impacto de la guerra comercial se sentirá fundamentalmente en 2020. En el reciente encuentro en Beijing, por ejemplo, Zhu Min, quien fuera miembro del FMI, sostuvo que en ese año habrá mayor incertidumbre económica debido al conflicto comercial entre China y Estados Unidos. Por su parte, el exministro de Finanzas chino, Lou Jiwei afirmó que los problemas entre ambos países son estructurales, por lo que pueden no resolverse en el corto plazo.

Esta perspectiva gana más fuerza aún luego de la última cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Asia-Pacific Economic Cooperation, APEC), foro multilateral creado en 1989 que reúne a veintidós países que se encuentran en el arco del Pacífico, entre ellos Estados Unidos y China, así como Chile, Perú y México, como representantes latinoamericanos. En conjunto, estas naciones representan casi el 56% del ingreso global y casi la mitad del comercio de mercancías. El encuentro estuvo marcado por bastante tensión que se acabó reflejando en que, por primera vez en los 29 años que este grupo se encuentra, no hubo un comunicado conjunto. Es decir, las superpotencias no llegaron a ningún tipo de acuerdo.

Si, por un lado, los líderes chinos insisten en decir que defienden el multilateralismo y el mantenimiento del status quo de una economía global abierta, los estadounidenses están dispuestos a implosionar el sistema creado por ellos mismos, como forma de reimponer su hegemonía. El mandatario del país asiático, Xi Jinping, fue enfático y dijo durante el encuentro que: "Unilateralismo y proteccionismo no van a resolver los problemas, pero van a aumentar las incertidumbres sobre la economía mundial". Adicionalmente, el líder chino afirmó: "La historia muestra que la confrontación, sea en la forma de una guerra fría, conflicto militar o de guerra comercial, no produce vencedores." Por su parte, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, mantiene una actitud ofensiva: "Estados Unidos ... no van a cambiar de rumbo hasta que China cambie sus prácticas ... Tenemos gran respeto por el presidente Xi y China”, pero, como "todos sabemos, China se ha aprovechado de Estados Unidos desde hace muchos y muchos años, y esos días han terminado." En suma, si los chinos tienen la paciencia estratégica como arma, los estadounidenses apuestan al estilo agresivo de su presidente, Donald Trump.

Así, aún si el presidente Trump viaja con mentalidad negociadora a la reunión en Buenos Aires, en China consideran bastante difícil que se pueda resolver el conflicto. El sitio chino Global Times resume que la mejor expectativa que existe de ese encuentro consiste en que ambos retomen seriamente las negociaciones y dejen de lado las acusaciones. Según Hernán Lombardi, Director de la Unidad Técnica del G-20, ser sede de este encuentro internacional será “un enorme desafío” para la Argentina porque “todo el mundo estará mirando”, y destaca que, de la reunión clave entre Donald Trump y Xi Jinping, “nosotros brindamos el escenario”.

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