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Los idus de marzo y la encrucijada económica

VÍCTOR A. BEKER Economista. Ex Director de Estadísticas Económicas del INDEC

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Los idus de marzo y la encrucijada económica

El asesinato de Julio César en el idus de marzo (15 de dicho mes) ha hecho que esa fecha se relacione con un punto de inflexión. En la Argentina también tenemos nuestros idus de marzo pero asociados al rumbo económico.

En efecto, si uno repasa la historia de las políticas económicas a partir de la recuperación de la democracia predomina una constante: existe una política económica inicial que dura menos de dos años y luego se pone en marcha la que caracterizará el resto del ciclo presidencial. Recordemos la experiencia.

Raúl Alfonsín inicia su ciclo de gobierno nombrando a Bernardo Grispun como ministro de Economía. En febrero de 1985 lo reemplazó por Juan Vital Sourrouille , quien, meses más tarde, puso en marcha el plan Austral que le permitió al gobierno ganar las elecciones parlamentarias de ese año.

Carlos Menem asume en julio de 1989, nombra sucesivamente a varios ministros de Economía hasta que en marzo de 1991 designa a Domingo Cavallo, quien poco más tarde pone en marcha el Plan de Convertibilidad con el que Menem gana las elecciones de ese año (y algunas más).

Fernando De la Rúa asume en 1999 e intenta reeditar la historia designando también a Cavallo en marzo de 2001. Sin embargo, esta vez el resultado –como es sabido– fue no positivo, para usar una frase en boga.
Hasta aquí observamos una constante: el nuevo gobierno modifica su política económica entre febrero y marzo del año en que tiene lugar la elección parlamentaria.

La excepción la tenemos con Kirchner. Este gana las elecciones en 2003 anunciando quién será su ministro de Economía y lo mantiene en el cargo hasta que le permite ganar las elecciones de 2005. Una vez logrado este objetivo se desprende del ministro y el presidente pasa a tomar personalmente el manejo de la economía, modelo que se mantendrá en los años subsiguientes.

El actual gobierno se ha anotado importantes éxitos en materia política. En cambio, enfrenta complejas dificultades en el plano económico. Por si fueran pocos los problemas internos, a ellos se suman los cambios en el contexto internacional que generará el triunfo de Donald Trump.

Tras el éxito inicial en el levantamiento del cepo cambiario y la resolución del conflicto judicial con los holdouts, pocas noticias positivas han aparecido en el frente económico.

La fuerte inflación ya licuó más de la mitad de la devaluación de diciembre haciendo resurgir el fantasma del atraso cambiario. Por otro lado, cualquier deslizamiento de la cotización del dólar se vería reflejado en un aumento del costo de vida, retroalimentando así el proceso inflacionario.

Si bien es cierto que todo indica que en 2017 habrá un crecimiento de la economía, lo será fundamentalmente de la mano del sector agropecuario, poco intensivo en mano de obra y que, por tanto, poco contribuirá a la necesaria creación de empleo. Ello en un mercado laboral en el que en el último año y medio se han perdido unos 150.000 empleos sólo en el sector registrado.

Las expectativas en este sentido están centradas en el rubro de la construcción, fundamentalmente en la reactivación de la obra pública, que muestra dificultades para ponerse en marcha.
Los datos difundidos por el Indec indican que hay un 32% de la población viviendo por debajo de la línea de pobreza. Tenemos ahora el diagnóstico, que permaneció oculto durante diez años, pero no aparece la terapia. Y mes a mes, la inflación engrosa dicha cifra.

El déficit fiscal heredado de la gestión anterior se vio incrementado por la eliminación y/o baja de retenciones, el aumento del mínimo no imponible y de los pagos de la seguridad social. La deuda pública ha sido hasta ahora la variable de ajuste.

Si bien el blanqueo puede aportar ingresos frescos a las alicaídas arcas fiscales debe tenerse en cuenta que dichos fondos deberían aplicarse prioritariamente al programa de Reparación Histórica a jubilados.
Frente a este panorama, ¿qué hará el actual gobierno? La experiencia reseñada más arriba indica que marzo es un límite fatal cuando los números no respaldan la gestión económica porque en octubre deben ganarse las elecciones de renovación parlamentaria.

¿Volveremos a vivir los idus de marzo? Hagan sus apuestas.