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Los gobiernos marcan la cancha ante la crisis china

JORGE RIABOI

Diplomático y Periodista

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La actual crisis de sobreproducción atribuida a China y otras naciones asiáticas, parece haber contribuido a difundir la insólita moda de cambiar el papel del Estado para resolver angustias o apremios circunstanciales.

Ahora suenan lejanas las enseñanzas de Hernán Büchi, el autor material del ‘milagro chileno’, quien sostenía que "abrir la economía, sin promover exportaciones, era una apuesta sin futuro". En estas horas la atención colectiva olvidó por completo los mantras del Consenso de Washington.

Más bien se aferra a los vaivenes hepáticos del candidato presidencial Republicano Donald Trump, quien afirma, para malsana alegría de sus adversarios políticos, que Estados Unidos debe replantear su apertura económica, deshacer los "ruinosos" acuerdos de comercio e inversión concebidos en las últimas décadas, purgar su base étnica de latinos y musulmanes, desmantelar la tercerización productiva y ejercer una fuerte e ignota contención al expansionismo chino bajo la consigna América Primero (América First).

A nadie parece importarle que pontifique sobre cuestiones que desconoce por completo. Quizás por ello repite hasta el cansancio el mismo slogan y varias de las ideas que hace ochenta años popularizaba Adolfito Hitller. Ni siquiera los académicos le advierten que su borrosa visión comercial (reflejada en la torpe ley Smoot-Hawley), fue uno de los enfoques que ayudaron a detonar la Segunda Guerra Mundial.

En Córdoba, el gobierno hizo notar que piensa ahorrar una punta de mangos comprando tubería china a precio de remate, con financiación blanda y atada. Ello sería una gran pichincha si no implicara dar trabajo en Asia y restar trabajo en Argentina, ya que el cuento tiene su historia.

Por lo pronto, estas gangas no vienen del cielo sino de naciones en las que existen voluminosos subsidios que sirven para instalar empresas que luego practican, a cara descubierta, todas las variantes del dumping. Son economías donde se incumplen, en forma rutinaria, las reglas ambientales y laborales y donde el gobierno también se las arregla para darle función de arbitraje a una legión de sesenta grandes firmas sectoriales del Estado que controlan el 80 por ciento de la oferta local. Ahí se manipulan a destajo las normas, los insumos, las inversiones y el crédito.

Decenas de paneles ventilados en la OMC ilustran con bastante claridad el GPS productivo y comercial chino y unos cuantos más están por salir del horno. Muchos países creen que allí empieza el ovillo de la actual crisis de sobreproducción que deprime hasta la inviabilidad el precio mundial de numerosos insumos y productos industriales, agrícolas y energéticos, entre otros el acero y el aluminio.

Licitar sin evaluar la incidencia de cada uno de estos factores, no sólo equivale a pasar por alto la noción de dar preferencia a las empresas locales (como suelen hacerlo China, Estados Unidos y otros países), sino desconocer las reglas que permiten forjar una genuina, comprensiva e igualitaria competencia entre las distintas opciones nacionales y extranjeras. Estas son, a la postre, las cositas que discuten sin pausa los miembros del G20, la OMC, la OECD y otros foros donde la opinión argentina necesitaría un ajuste de taller para mover con fuerza el amperímetro.

Vale la pena recordar que el debate de fondo se refiere a dos problemas centrales vinculados entre sí: a) la muy seria crisis artificial y generalizada de sobreproducción; y b) la necesidad de determinar cómo resolverán China y sus socios comerciales el conflicto generado por la obligación legal de asignarle a ese país asiático, a partir del 11/12/2016, el status de economía de mercado.

Así llegó la segunda semana de mayo con sensibles novedades. Todos los partidos del Euro-Parlamento decidieron que "China no tiene una economía de mercado". Tras semejante diagnóstico, recomendaron en forma explícita que, mientras Beijing no cumpla los cinco requisitos que establece la llamativa legislación comunitaria para recibir el nuevo status, la Comisión de la UE siga ponderando los casos de subsidio y dumping que se originen en ese país apelando a una metodología especial, a fin de preservar las fuentes regionales de trabajo e inversión. El Euro-Parlamento también le pidió a las autoridades de Bruselas que fortalezcan con urgencia las reglas comunitarias sobre defensa de la competencia.

En otro episodio singular, la agencia oficial Xinhua informó que un portavoz de la Cancillería China rechazó de plano las declaraciones del Embajador de la UE en Beijing, quien había adjudicado al país asiático la responsabilidad principal de la presente crisis global de sobreproducción de acero. Sostuvo que China ya recortó en 90 millones de toneladas la producción siderúrgica atribuida a sus ‘empresas enfermas‘, pero no hizo referencia alguna a la evolución de la capacidad instalada en las empresas sanas.

En Ginebra, los Miembros de la OMC volvieron a oír, en el marco de las permanentes consultas informales que se realizan sobre el tema, que China se propone cuestionar legalmente a los países que no le reconozcan en tiempo y forma el status de economía de mercado. Y entre el 11 y 12 de mayo se estaban reuniendo en Washington los representantes de China y Estados Unidos para conversar sobre estos temas, en un encuentro del que nadie espera mucho, pero útil para inducir a que Beijing siga participando con interés en los diferentes foros que buscan una solución constructiva y realista a ambos conflictos.

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