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Los fondos privados de pensión chilenos atraviesan un mal momento

La presidente Bachelet, con una popularidad de apenas el 15%, está enfrentando el tema

La presidente Bachelet, con una popularidad de apenas el 15%, está enfrentando el tema

Hace más de tres décadas Chile privatizaba su sistema jubilatorio, ante los ojos incrédulos de muchos. Su ejemplo ha sido seguido por algo más de 30 países en todo el mundo. No obstante, lo cierto es que hoy el sistema chileno atraviesa por un mal momento y está siendo duramente cuestionado, generando protestas en las calles de Santiago.

¿Tiene el sistema chileno problemas de solvencia? No. Lo que está ocurriendo es distinto. Los ingresos jubilatorios que genera no alcanzan y hoy sus prestaciones menores están por debajo del salario mínimo chileno. En promedio, en un orden de los u$s 300 mensuales, con lo que es prácticamente imposible, para los beneficiarios, poder vivir sin trabajar. Desde el gobierno de Chile se estudian, desde hace rato, las alternativas acerca de cómo enfrentar esta cuestión.

Lo cierto es que Chile tiene hoy ahorro propio del orden de los u$s 170 billones, lo que conforma un mercado de capitales doméstico que equivale a aproximadamente el 70% de su PBI, del que otros países en vías de desarrollo carecen. Y este no es ciertamente un tema menor. Porque se trata de financiar el crecimiento.

Quienes siguen de cerca el tema en Chile sostienen que ceder sólo el 10% de los ingresos de un trabajador no alcanza para generar el capital de cuya renta ese trabajador espera poder vivir mañana. Particularmente en un mundo con tasas de interés históricamente bajas (en algunos casos hasta negativas) y con rendimientos financieros frágiles. Para ello la solución pasaría por agregar otro 5% de los ingresos a las contribuciones sociales. Como propuesta tardía es poco probable que algún día sea popular. Pero quizás es inevitable.

Las quejas se originan -reitero- en el nivel de los beneficiarios del régimen. Los fondos de pensión, en sí mismos, han probado ser extremadamente redituables, con un retorno de sus inversiones del orden del 8% anual. Deducidas las comisiones y gastos esto ha generado un ingreso real neto del orden del 3% promedio. Nada mal en un mundo donde existen tasas de interés negativas.

La presidente Bachelet, con una popularidad de apenas el 15%, está enfrentando el tema, pero no tiene la fuerza necesaria para conducir un camino prudente de reforma. Por ello probablemente sea el próximo gobierno quien procure encontrar una solución. Por ahora sólo se ha puesto en marcha un pago complementario al de los fondos de pensión, financiado con los impuestos en un esquema ‘solidario’ que beneficia especialmente a quienes tienen los menores ingresos.

La solución no pasa por hacer lo que hizo nuestro país en el 2008, desintegrando el sistema privado de seguridad social. Las propuestas chilenas de reforma incluyen el mencionado aumento en nivel de contribuciones, la conformación de un fondo de pensión estatal que estimule la competencia, y establecer límites a los montos que los fondos de pensión perciben en carácter de comisiones por su intervención.

Desde el punto de vista de la generación de una importante masa de ahorro doméstico para financiar el crecimiento de la economía chilena, los fondos de pensión han sido claramente exitosos y Chile tiene en esto una enorme ventaja sobre la gran mayoría de los países en vías de desarrollo.
El problema es muy otro. Nada fácil de resolver. Como hemos dicho, los ingresos que el sistema genera para sus beneficiarios, por la razón que sea, no son suficientes para atender sus necesidades.

Esto alimenta la decepción, genera las protestas y obliga a los gobiernos a encontrar mecanismos con los que suplementar los beneficios privados, de modo de devolver a los ciudadanos chilenos de mayor edad la tranquilidad que hoy algunos han extraviado, sin privar a Chile de una masa financiera que ha conformado uno de los mercados de capitales domésticos más importantes de los países en desarrollo.

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