Los empresarios, la opinión pública y el sector agropecuario

La construcción de opinión sobre los empresarios no ha sido una tarea fácil para la gente. La mayor parte de la escasa información que recibe sobre ellos es negativa. Todos los gobiernos, no importa el signo político y con mayor o menor agresión, han depositado en ellos la responsabilidad de graves problemas que arrastran los argentinos.

El descontrol de precios, desabastecimiento, desempleo, han sido algunos de los elementos que, sin importar sus causas, gestiones tanto de izquierda como de derecha les han adjudicado públicamente.

A esto se suma, el alto nivel de exposición de empresarios aliados a la política, con escasísima reputación.

Todo este cumulo de datos genera una combinación explosiva a la hora de tener que opinar sobre ellos en Argentina. La única campana que la gente recuerda a la hora de calificarlos queda reducida a esos pobrísimos ejes.

Nunca los empresarios se han ocupado de posicionarse como actor social y hablarle a la comunidad en sentido amplio sobre su contribución a la sociedad.

No obstante, el sector agropecuario se constituye en una verdadera excepción. Cualquier estudio que se haya realizado en cualquier época, lo ubica en un lugar de preferencia en la opinión pública.

La lista de atributos positivos que aparecen cuando se analiza la construcción de su imagen es amplia y diversa. Los negativos muy pocos.

Es un tipo de empresario que, además de estar estrechamente vinculado con el ADN argentino, los encuestados identifican, de manera genuina, con la categoría por su inclinación al riesgo, porque no necesita de la ayuda del Estado para desarrollarse, por su liderazgo y constante innovación.

Esta combinación de factores ha impulsado, en dos ocasiones, a la gente a salir a la calle en su defensa: durante el gobierno de Cristina contra la ratificación por parte del Congreso de la resolución 125 y en apoyo a la compañía santafecina Vicentin.

En ambas, el resultado fue positivo para ellos deteniendo el avance de la política sobre el sector. Algo impensable si miramos lo que la opinión pública ha construido en su cabeza, históricamente, de los empresarios en general.

Durante 2020, la valoración sobre este actor social mejoró, quizás producto de la desastrosa situación económica y el impacto en el sector privado, casi exclusiva victima de la crisis. Todos estos elementos deberían ser considerados a la hora construir posición tanto desde el Gobierno como desde los representantes de la actividad agropecuaria en una disputa en la que el electorado no se ha quedado nunca afuera.

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